domingo, 15 de febrero de 2009

Lo que a mí me importa a vos te da igual

Una esponja sumamente escurrida tiene fascinación por las coloridas maderas de un tobogán, que marcado por las suelas de pequeños pies a lo largo de su trayectoria deslizante de pinotea, es otro de los monstruos que equipa las instalaciones de otra de las tantas plazas de Buenos Aires.
Fue un lunes donde empleados de la municipalidad fueron a limpiar una plaza de Mataderos que queda en Av. Alberdi y Lisandro de la Torre.
La esponja quedó olvidada en unos de los pastizales cercanos a los juegos del arenero. Olvidada o arrojada a adrede por uno de los limpiadores que acababa con su labor de quitarle la mugre a los caballos de la calesita. Ese día lo vio por vez primera a él, con toda la señoría imponente de genuino tobogán, que se para orgulloso de cara al sol de media tarde. En realidad lo primero que vio fue su sombra que lo privaba de recibir el calor de esos rayos lumínicos que enervaban a las verdes hebras de ese tramo de la plaza, hasta incinerarlas en su propia clorofila. Allí reposaba solitaria, sucia, sin su forma original de ovalo amarillento, y demasiado mareada, ya que hace rato venía destilando la pestilencia del Blem, que vendría a funcionar de estupefaciente para su pequeña condición femenina, de tan burbujeante y suave torso desnudo, humedecido, castigado...
Esta adamantina esponja se durmió pensando en la idea de que alguien tarde o temprano, se encargaría de limpiar las maderas del tobogán por el que los niños se deslizan diariamente; ya que sería a ella a quien se buscaría para alcanzar tal cometido. Y dicho y hecho, fue así como ocurrió. A la tardecita los empleados municipales retomaron sus tareas, y esta desalineada dama pudo darse a conocer frente a ese enorme gigante de cuerpo de madera y férrico esqueleto, que se mantenía inclaudicable ante las inclemencias del viento, la lluvia o la humedad que tanto deterioraban a sus firmes hierros pintados, que han de resistir al indefectible y llamativo color anaranjado del óxido. Este enorme coloso, para la menospreciada esponja, es inquebrantable frente al peso de sus visitantes, que son de mostrar un gran descuido con el material de sus aventuras lúdicas, con el afán de lograr la mísera atención de sus madres que aprovechan el tiempo de su vigilancia para ojear revistas de peluquería, sentadas en los bancos.
Durante la tarea, por la cual su suave cuerpo enjabonado liberaba de suciedad al gigante, se producía un cercano vínculo, donde la atracción de esta dama de limpieza era irrefrenable, sin embargo las maderas que de a poco iban adquiriendo aquel olvidado brillo del pulido, se mantenían indiferentes. Y no podía ser de otra manera, ellas estaban acostumbradas a que la escasa estadía de los visitantes usurpadores de su fisonomía, sea efímera. El paso ajeno de juguetones niños, dura contados segundos, debido a su ya conocido largo, resbalante, y declinado físico.
En cambio en la esponja se da el caso inverso, en ella tenemos una pequeña cárcel de todos aquellos retazos de circunstancias vividas. En donde descansan incontables sensaciones de viejos olores, manchas, gustos o colores de distintas suciedades. En ella las huellas del pasado son parte de su cuerpo presente, dado que el paso del tiempo es el causante de su actual aspecto.
Quizás el coloso al sentir como el agua perfumada con detergentes recorre su cuerpo, también intuya esa atracción por parte de ella. Sin embargo la pendiente característica de sus vigas, se ocuparan de escurrir el producto de lavado, hasta que el sol de la tarde termine por abolir su humedecida condición, propinada por las caricias esponjosas de aquella olvidada huésped. Esponjosa huésped que guardará por siempre en su piel las astillas que se le clavaron hiriéndola, sin que pueda quejarse siquiera, porque como es sabido, las esponjas no tienen boca para poder decir sus penas. Así que por siempre conservará para sí el montón de astillas, junto a ese olor de la pinotea.



6 comentarios:

Ludmila dijo...

A mí tampoco me gusta la gente que hace blogs, pero así como la lluvia empezó a no disgustarme, voy acostumbrándome.
Se puede aprender de todos y los blogs... son historias, Diego. Sólo historias.

Lolita dijo...

Tratá de verlo como que cada blog es un mundo, una persona chiche (se mastica, pero no se traga).

Dama de sangre dijo...

Hola Antes que nada Felicitaciones por tu blog, seguiré pasando, Gracias por visitar el mio. Besos

Kichu dijo...

leyendo esto no creo que seas un argentino (ni un nada) promedio, quizás en otro momento... gracias por pasar, Saludos!

soltando pájaros dijo...

me encantó lo escrito, las historias que surgen de lo cotidiano y sobre todo la manera de adjudicarle a los objetos características humanas..es el tipo de escritura que más me atrae.
Por eso..el amor y la fascinación que le tengo a cortázar..
Nadie mejor que él para transformar y mostrar una realidad tan fantástica, tanto más atractiva e idílica que la que vive la mayoría de la gente.
Gracias por el comentario que dejaste en mi blog el ootro día. El realismo mágico existe tanto en la literatura como en el arte :)
Muy lindo tu espacio, Diego, un beso

Claudia dijo...

Originalidad, poesia en algunos parrafos- Me gusta tu mirada, se dirige a lugares no mirables por la mayoría de la masa..Bien, eso te hace no masivo. Beso Clau