miércoles, 11 de febrero de 2009

Dualidad


A veces siento la necesidad de ser un canalla, de caminar cabizbajo evitando el saludo, hasta esconderme de forma inútil, tras la espesa barba de hace varios días, para no dignarme a cambiar aunque sea la mirada con los otros. Casi sin darme cuenta decido actuar de manera vil, mostrarme parco y descontento por cualquier cosa, o buscar la mejor forma de lastimar a quien distinga débil sobre mí.
Al desvalido que me rodea, desnudando sus carencias ante los ojos de los que vamos hacia el trabajo, verlo atormentado y reírme por lo bajo. Disfrutar como espectador de un cuadro circense, de quienes han de humillarse, de esos que se rebajan ante la mano del señor feudal.
Encuentro una mísera cuota de justicia en ser un canalla, cobrándome las desdichas de esta vida puerca que me ha tocado, siendo del mismo modo que aquellos que me castigaron.
Hoy fui caminando hasta la parada del colectivo a la primera hora de la mañana. Siempre siento un poco de frío a esa hora, como si el aire fuera renovándose, levemente humedecido para lamer los pelos de mis brazos descubiertos, luego de la camisa sin mangas. Imagino que a esa sorda ventisca, virgen de todas las narices de la ciudad, vos también la podes sentir, porque a esta hora ya te habrás levantado, e irás rumbo a tu trabajo del mismo modo en que yo lo hago.
Hay una chica delante de mí y me mira disimuladamente mientras busca algo en su cartera, me di cuenta por más que siguiera firme a mi postura de mantenerme cabizbajo, y apoyado contra la pared de un estudio jurídico que todavía está cerrado. Me apoyé contra los ladrillos del frente porque tenía bastante sueño.
Anoche dormí poco y mal. Me había costado bastante levantarme y caminar ese par de cuadras. Por un momento supuse que vos también sentías el mismo sueño que yo, y que de seguro reposabas contra la pared de valla a saber que otro local, de algún barrio lejano al mío. Quizás busques el acortado sosiego, descansando la cabeza contra la persiana de una tintorería o el tapial de un abandonado vivero, no lo podría saber nunca, por más que intuyera tú cansancio igual al mío, mientras el sol empezaba a entibiarme los brazos.
Anoche no dormí en casa. Al comienzo de la semana, como viene repitiéndose hace más de un mes, me quedo en la casa de Laura y de ahí salgo para la oficina. Me nombra, y me saluda con un beso, para despedirme. Lo recibo con la sequedad que trae el agrio sabor de los labios con los límites de la almohada.
Es extraño porque estoy seguro que vos también esperas el colectivo en otro barrio, delante de cualquier otro negocio, e incluso te veo partir con la misma amargura, luego de recibir un beso casi tan agrio, como el que Laura me dio cuando huí de su lecho.
Antes de ceder al cansancio alimentado por esa alargada espera matutina, escuché el chillido metálico de la cortina del estudio donde reposaba tranquilo, pensando en todas estas cosas. Pareciera que el estruendoso ruido del rodar de sus oxidados engranes, viniera a traerme de lleno a la realidad, aunque algún retazo de los vaticinios invasores de mi imaginario, se aferrara con las últimas fuerzas que le quedaban, a mi doblegado subconsciente. Mientras el local donde me apoyaba hace un rato, se iba poblando de luz, descubriendo los últimos recovecos entre los archiveros que se veían desde la calle, sentí tristeza. La tristeza del ciego que sueña su belleza, pero no tuve tiempo de saber si vos también la sentías…
Ya la chica de la cartera había parado el colectivo, y yo estaba agarrándome del pasamano de la puerta.

2 comentarios:

Lolita dijo...

Jamás dejes que un family game tenga más sentido que un beso, y más el primero.

No importa la persona sino cómo te sentiste vos.

¡Recordálo!

Abutita dijo...

mmmm, qué es un family game?

bonitas palabras amigo...Pero tristes sin duda. No sé sin son reales o ficticias, te respeto el derecho de la duda...
En cualquier caso, vivir esas dualidades hace mucha pupa al corazón... O al menos así lo he sentido yo.

Por cierto, Juan Ramón Jimenez tiene poemas preciosos, ese q puse a mi me encanta... Fue un tio muy atormentado, y no murío joven, pero murió de pena...

Besos desde Granada