miércoles, 25 de febrero de 2009

Viajes















Arriba un espejo, y el reflejo de la tenaz hipocresía.
Bastaba levantar la mirada y ver como las filosas sabanas de hojalata se enroscaban en tus piernas de porcelana, las mismas que altaneramente me aprisionaban tornando pétrea mi estadía en ese áspero colchón de cuero oscuro, que a esa altura ya había escapado de aquel abrigo metálico.
Eran de porcelana!!, y fue lo primero que vino a revelarme ese universo de infinitos cambios que avanzaron de forma irrebatible entre los dos. Sin que nos diéramos cuenta, que lejos había quedado aquel verano de nuestro último encuentro, que hasta tu color me llevó. Ahora tus piernas son de porcelana...

Sin embargo la imagen del espejo es la tuya, hoy ya dueña de sueños inciertos.
Adamantinos serpenteos en tus brazos celadores, que sin proponérselo me envuelven y obligan a ser testigo de aquel espejo que todo lo simplifica en una imagen, la del triunfo de tu suave letargo sobre mi vigilia inclaudicable.

Me pregunto de quién serán todos estos campos, ¿No hay toros entre todas esas vacas que lo habitan?, la mayoría son de color negro y reposan sobre sus enclenques patas dobladas.

Me es difícil entender esta situación, estas a mi lado y te siento tan vulnerable con tu ligera y entrecortada respiración que perfuma con tu aliento el ámbito sudoroso, donde olores genuinos son vencedores de estrepitosas fragancias destiladas en aquel poco distante, primer abrazo del reencuentro.

El sol calienta el vidrio que seccionando la blanca luz en su completa gama de colores, provoca una resolana que da de lleno sobre mi rostro, calentando la desgajada piel a causa de las sales marinas.

El recorrido es interminable y el paisaje repetitivo hasta el hartazgo. Pequeños baches salvadores son las de lagunas improvistas de grandes o llamativas vidas que la habiten, quizás bebederos del ganado. Más adelante una osamenta putrefacta, y a lo lejos un par de juguetones cabritos.

Es increíble que el cansancio te halla ganado de tal manera que seas dueña de ese sueño placentero, que transforma esa vacilante respiración en pequeñas apneas hijas de una total seguridad, que a la vez aprisiona con mayor poder a mi inmovilizado brazo izquierdo, que empieza a experimentar un cosquilleo desdeñoso que elijo soportar sin ningún atisbo de abandonar mi posición que osaría con interrumpir la parsimonia con la que descansas. No pecaría de vanidad a decir que tu sueño es el fruto de saberte porfiada y protegida por mi sola presencia.

Pequeños ranchos con pintadas en colores patrios, hacen campaña por el concejal De Jesús, y algunos carteles de productos de consumo masivo, como aceite o alfajores, son los primeros anuncios de la cercanía con la providenciada civilización.

De fondo el repiqueteo de los hierros de la vías que pasan por la estación Villa del Parque, son el telón que brinda una profundidad mayor a este sosiego que habita en el cuarto. El tren que irrumpe en esos primeros instantes de claridad de la mañana para llevar a tantos a sus empleos, soslaya como nunca a ese ensordecedor y hasta irritante silencio, del que ni te das por aludida enredada en la trama de tus sueños, de los que me sé ajeno y jamás partícipe de ellos, más no sea de alguna forma alegórica o lunar.

Al otro lado el paisaje es menos atractivo que en el de mi costado, que ahora por unos cuantos metros deja ver a una enorme planta potabilizadora de agua, que anuncia con total orgullo estar atravesando al partido bonaerense de Quilmes, como puedo mirar en una enorme marquesina con los colores de la popular cervecería.

Cuando decido abandonar el reflejo del techo, para ver tus entrecerrados ojos pegados a mi mentón, atestiguo la forma en la que desatas una lucha para huir de ese ensueño, entregando pequeñas pistas que asoman a la superficie de la realidad, enunciando palabras poco coherentes, como ser “Cacerolas”, “Cuadernos”, "perdoname",“Perdoname!!”


Buenos aires una vez mas, y ya cuando se ingresa a la autopista, los sabores son tan comunes y conocidos como la certeza de las nulas novedades con las que me he topado unos 300 Kilómetros atrás.

Un brusco y eléctrico movimiento te trae nuevamente a la oscura mañana del cuarto en la que te esperaba firme, sin sortear jamás la postura con la que me habías obligado a permanecer durante un largo rato. Sin darte cuenta volví a ser el primero en recibirte de ese fantástico mundo al que decidiste viajar sin mi compañía, me sonreíste y te devolví la mirada con el gesto más inexpresivo posible para no tener culpa en alejarme de tu cuerpo y sentirme cómodo de una vez por todas.

Aliviado de las ataduras de tus brazos carcelarios y con esa efímera sensación de libertad, no me quedó más que bajarme del micro, ya había llegado.















domingo, 22 de febrero de 2009

Russian Red




Hace más de un año, Santiago me llenaba la cabeza diciéndome que estaba enamorado de una chica de Ramos Mejía, llamada Florencia Caserta.
La mina es cantante ya grabó discos. La verdad que es linda y canta bien…La vi en la tele en un video de uno de sus temas que ya suenan seguido por la radio. Está bien que le gustase, es otro de los tantos tipos que se pueden fijar en una mina así…total ni se te ocurre pensar en que ella podría fijarse en un chabón común y corriente como vos.
La cuestión es que el pibe, por medio de una conocida de la mina consiguió su contacto, le empezó a hablar contándole de su fanatismo por su música, hasta que terminó levantándosela. Juro que siento admiración por Santiago y su poder de determinación. Él me dijo que las cosas hay que quererlas mucho..Y si uno lucha por eso que quiere, lo termina teniendo.
Desea mucho algo que lo vas a tener!
Esa fuerza inexplicable existe. Primero uno tiene que creerlo, sino no sirve. Y funciona para cualquier orden de la vida.
Hace un tiempo me pasa que hasta jugando un picado con amigos, quedando mano a mano con el arquero, mentalmente me hago la imagen de que voy a errar el gol. Y como no puede ser de otra manera, termino pateando con los ojos cerrados al cuerpo del arquero, o 3 metros afuera.
Se me dio por contar todo esto, porque el estilo de Florencia Caserta, es parecido al de una chica madrileña, que canta en ingles. Ella es Lourdes, y se hace llamar Russian Red, jugando con el nombre de un labial, llamado de igual forma.
Russian red se hizo conocida por el Myspace, tiene un disco “I love your glasses”. Datos menores, nada más.
Vos la ves sentada solita, se defiende de las miradas mudas ahí adelante, con lo acordes bajitos de su guitarra, hasta bañarse de aplausos.
Seguro que nunca te voy conocer. Por más que a veces trate de intentarlo, y querer algo con todas las fuerzas, se me hace lejana la humedad de tu voz.
Por ahora creo que voy a seguir pateando fuerte con los ojos cerrados, sin mirar al arquero.

viernes, 20 de febrero de 2009

Adornemos con un poquito más de porqueria



El mundo ya lo sabe...No soporto a Liniers!...

En realidad nadie lo sabe, porque las pocas personas que entraran a este Blog, ni me conocen, ni les importa conocerme...Si alguien entra es para escribir una forrada, con la intencion de que uno después pase por su blog y lea las pelotudeces que escribe, del estilo:

"AYY! Yo tengo una mirada mágica de las cosas , respecto el común de la gente"

"El amor me traiciona siempre!"

"Que divertida es la soledad, estoy un escalón mas arriba que cualquier hombre"

"Hablemos mal de los hombres!!"

"Tengo una mirada sagaz de la realidad..por eso soy re piola!!"

Yo se que es muy antipático escribir sobre esto..pero basta con ver estos blogs, para enterarse de lo que me quejo y en todo caso unir con flechitas los ítems anteriores.

http://licenciosos.blogspot.com/ (Pasen y vean a un gordito loser, que tiene el nivel intelectual de Eduardo de la puente, y busca la poesía mersa a cada instante, para que las minas digan "AHHhh es un amor me lo como todo")

http://florescomoyo.blogspot.com/ (Acá encuentran a una solterona aburrida, que se cree super especial, frente a sus amigos imaginarios de Blogspot que le dejan comentarios de aliento)

http://lilyanuratis.blogspot.com/(A esta mina no la entiendo, no escribe nada coherente, solo un rejunte de frasesitas vacias digno de un tema de los Redondos y lo adorna con fotos, que al parecer serian geniales, lo que me llama la atención es que al costado tiene registrados sus derechos de autor...Para loca quien te va robar lo que subis? tan grosa sos?).

Bueno y varios mas, porque deje de lado a las anorexicas, y a los futuros anfitriones de la feria del libro, que siguen esperanzados de que alguien va a leer lo que escriben y los va a publicar, haciéndoles contratos grosísimos con editoriales.

No me enojo con la gente que me firma a mí, porque en relaidad les agradezco que opinen sobre algo que pueda llegar a pensar, solo me joden esos que firman algo sin importarle 3 carajos lo que uno dice..(es decir si no te intereza o te aburre, que es lo mas probable, lo mejor es no decir nada, y no escribir una pavada para parecer simpatico).

Un consejo, deberían oír a Walter "Alpargata" Wilson, son puro disfrute sus historias.

martes, 17 de febrero de 2009

Buche prodigioso

Los colibríes machos en épocas de apareamiento liberan una encarnecida lucha en afán de hacerse con una de las codiciadas hembras, que escasean en las concurridas bandadas que sobrevuelan los coloridos ligustros, del pabellón de quemados del hospital alemán. Esta batalla por lograr la atención de la amante en cuestión, se produce por medio de una caballerosa puja, que alzará al más apto de los machos, con el placentero derecho de fecundar, conservando su estirpe.
La elección por parte de las hembras se inclina hacia el pajarillo que posee el mayor buche, producto del mejor desempeño a la hora de libar el néctar de las flores colgantes, de estas enredaderas que envuelven los paredones, en unos de los patios interiores de aquel recinto hospitalario.
Es así como los machos se esfuerzan por vaciar el contenido resguardado entre esos pétalos amarillentos, anaranjados y violáceos, que se esconden en las alturas, para hacer más trabajoso su fragante aleteo, por el que elevan su pequeño cuerpecito, que gotita a gotita, va creciendo hasta regodearlo en esa esfera suspendida en el aire. Esa esfera regordeta irá describiendo una escueta orbita lunar, que lo llevara desde una lila que asoma de la mitad de la pared, a un crisantemo a la orilla de una arcada, ya vacío por otro competidor que le ganó de mano.
Muchos colibríes se desesperan por llenar su buche del preciado néctar, sin reparar en el peligro que conlleva alzar su cuerpo, cada vez mas pesado, hasta los inalcanzables brotes de las cumbres, donde los capullos vírgenes, todavía no han sido alcanzados por los sedientos picos, de los demás competidores. Allí sus eufóricos aleteos van cediendo con el cansancio. Sin embargo en su desesperado fin, de conquistar a su hembra que aguarda cautelosa por los buches más radiantes, el colibrí agotado, con sus alas acalambradas, en muchas ocasiones rompe su hegemonía de satélite suspendido, para caer sin escala alguna, de lleno sobre las acanaladas baldosas del patio. Otros menos afortunados, sufren colapsos cardiacos, tras la agitación de su diminuto corazón que se ve sobrepasado por el ritmo de un vuelo estrafalario.
Son pocos los machos colibríes que logran el título que la hembrea exige para aparearse.
Desde el banco de este jardín central, un chico con su cuaderno azul, escribe sobre la guerra desatada por estos amantes alados, que luchan frente a él. Allá más adelante, donde está el verde paredón del ligustro, que explota de primavera.
Y él escribe sobre aquello, porque es otra forma de llenar de belleza a sus hojas de cuaderno, que nadie lee. Y que importa si no se rompe el cerrojo de estas palabras, escondidas tras el cartón azul de la tapa, porque esta belleza seguirá creciendo en su interior, engordado aun más su buche de deseos mudos e inertes.
Sigue escribiendo sobre el amor de los colibríes, y su belleza escondida ya es tan grande, que resquebraja la piel de ese buche que acalla tantas palabras prisioneras de su cuaderno.
Palabras destinadas a morir sin experimentar la humedad de una voz que se digne a leerlas.
Y así llega el mediodía, y la resquebrajada piel, ya no puede contener el crecimiento de semejante belleza, y se agrieta hasta el punto en que empieza a sangrar.
Ya es hora de cambiar los vendajes...



domingo, 15 de febrero de 2009

Lo que a mí me importa a vos te da igual

Una esponja sumamente escurrida tiene fascinación por las coloridas maderas de un tobogán, que marcado por las suelas de pequeños pies a lo largo de su trayectoria deslizante de pinotea, es otro de los monstruos que equipa las instalaciones de otra de las tantas plazas de Buenos Aires.
Fue un lunes donde empleados de la municipalidad fueron a limpiar una plaza de Mataderos que queda en Av. Alberdi y Lisandro de la Torre.
La esponja quedó olvidada en unos de los pastizales cercanos a los juegos del arenero. Olvidada o arrojada a adrede por uno de los limpiadores que acababa con su labor de quitarle la mugre a los caballos de la calesita. Ese día lo vio por vez primera a él, con toda la señoría imponente de genuino tobogán, que se para orgulloso de cara al sol de media tarde. En realidad lo primero que vio fue su sombra que lo privaba de recibir el calor de esos rayos lumínicos que enervaban a las verdes hebras de ese tramo de la plaza, hasta incinerarlas en su propia clorofila. Allí reposaba solitaria, sucia, sin su forma original de ovalo amarillento, y demasiado mareada, ya que hace rato venía destilando la pestilencia del Blem, que vendría a funcionar de estupefaciente para su pequeña condición femenina, de tan burbujeante y suave torso desnudo, humedecido, castigado...
Esta adamantina esponja se durmió pensando en la idea de que alguien tarde o temprano, se encargaría de limpiar las maderas del tobogán por el que los niños se deslizan diariamente; ya que sería a ella a quien se buscaría para alcanzar tal cometido. Y dicho y hecho, fue así como ocurrió. A la tardecita los empleados municipales retomaron sus tareas, y esta desalineada dama pudo darse a conocer frente a ese enorme gigante de cuerpo de madera y férrico esqueleto, que se mantenía inclaudicable ante las inclemencias del viento, la lluvia o la humedad que tanto deterioraban a sus firmes hierros pintados, que han de resistir al indefectible y llamativo color anaranjado del óxido. Este enorme coloso, para la menospreciada esponja, es inquebrantable frente al peso de sus visitantes, que son de mostrar un gran descuido con el material de sus aventuras lúdicas, con el afán de lograr la mísera atención de sus madres que aprovechan el tiempo de su vigilancia para ojear revistas de peluquería, sentadas en los bancos.
Durante la tarea, por la cual su suave cuerpo enjabonado liberaba de suciedad al gigante, se producía un cercano vínculo, donde la atracción de esta dama de limpieza era irrefrenable, sin embargo las maderas que de a poco iban adquiriendo aquel olvidado brillo del pulido, se mantenían indiferentes. Y no podía ser de otra manera, ellas estaban acostumbradas a que la escasa estadía de los visitantes usurpadores de su fisonomía, sea efímera. El paso ajeno de juguetones niños, dura contados segundos, debido a su ya conocido largo, resbalante, y declinado físico.
En cambio en la esponja se da el caso inverso, en ella tenemos una pequeña cárcel de todos aquellos retazos de circunstancias vividas. En donde descansan incontables sensaciones de viejos olores, manchas, gustos o colores de distintas suciedades. En ella las huellas del pasado son parte de su cuerpo presente, dado que el paso del tiempo es el causante de su actual aspecto.
Quizás el coloso al sentir como el agua perfumada con detergentes recorre su cuerpo, también intuya esa atracción por parte de ella. Sin embargo la pendiente característica de sus vigas, se ocuparan de escurrir el producto de lavado, hasta que el sol de la tarde termine por abolir su humedecida condición, propinada por las caricias esponjosas de aquella olvidada huésped. Esponjosa huésped que guardará por siempre en su piel las astillas que se le clavaron hiriéndola, sin que pueda quejarse siquiera, porque como es sabido, las esponjas no tienen boca para poder decir sus penas. Así que por siempre conservará para sí el montón de astillas, junto a ese olor de la pinotea.



viernes, 13 de febrero de 2009

Una buena noticia

Aquel hombre aguardaba muy sereno la llegada del 80, apoyado contra el cartel de la parada, sin ninguna compañía.
Bastante aburrido arrojó una moneda al suelo y salió “Seca”, la levantó y repitió el mismo procedimiento para enterarse que nuevamente saldría “Seca”. Para su asombro después de realizar varias pruebas, se vio casi resignado al ver solo una cara de su moneda. Cuando su pericia llevaba un número que superaba las 10 repeticiones, obtuvo la ansiada “cara”.
El viaje en el 80 fue más que agradable para él, se sentó del lado de la ventanilla y jamás borró la sonrisa de su rostro.
















"El hombre cara de Berenjena es una de mis obras de naturaleza muerta mejor logradas"

miércoles, 11 de febrero de 2009

Dualidad


A veces siento la necesidad de ser un canalla, de caminar cabizbajo evitando el saludo, hasta esconderme de forma inútil, tras la espesa barba de hace varios días, para no dignarme a cambiar aunque sea la mirada con los otros. Casi sin darme cuenta decido actuar de manera vil, mostrarme parco y descontento por cualquier cosa, o buscar la mejor forma de lastimar a quien distinga débil sobre mí.
Al desvalido que me rodea, desnudando sus carencias ante los ojos de los que vamos hacia el trabajo, verlo atormentado y reírme por lo bajo. Disfrutar como espectador de un cuadro circense, de quienes han de humillarse, de esos que se rebajan ante la mano del señor feudal.
Encuentro una mísera cuota de justicia en ser un canalla, cobrándome las desdichas de esta vida puerca que me ha tocado, siendo del mismo modo que aquellos que me castigaron.
Hoy fui caminando hasta la parada del colectivo a la primera hora de la mañana. Siempre siento un poco de frío a esa hora, como si el aire fuera renovándose, levemente humedecido para lamer los pelos de mis brazos descubiertos, luego de la camisa sin mangas. Imagino que a esa sorda ventisca, virgen de todas las narices de la ciudad, vos también la podes sentir, porque a esta hora ya te habrás levantado, e irás rumbo a tu trabajo del mismo modo en que yo lo hago.
Hay una chica delante de mí y me mira disimuladamente mientras busca algo en su cartera, me di cuenta por más que siguiera firme a mi postura de mantenerme cabizbajo, y apoyado contra la pared de un estudio jurídico que todavía está cerrado. Me apoyé contra los ladrillos del frente porque tenía bastante sueño.
Anoche dormí poco y mal. Me había costado bastante levantarme y caminar ese par de cuadras. Por un momento supuse que vos también sentías el mismo sueño que yo, y que de seguro reposabas contra la pared de valla a saber que otro local, de algún barrio lejano al mío. Quizás busques el acortado sosiego, descansando la cabeza contra la persiana de una tintorería o el tapial de un abandonado vivero, no lo podría saber nunca, por más que intuyera tú cansancio igual al mío, mientras el sol empezaba a entibiarme los brazos.
Anoche no dormí en casa. Al comienzo de la semana, como viene repitiéndose hace más de un mes, me quedo en la casa de Laura y de ahí salgo para la oficina. Me nombra, y me saluda con un beso, para despedirme. Lo recibo con la sequedad que trae el agrio sabor de los labios con los límites de la almohada.
Es extraño porque estoy seguro que vos también esperas el colectivo en otro barrio, delante de cualquier otro negocio, e incluso te veo partir con la misma amargura, luego de recibir un beso casi tan agrio, como el que Laura me dio cuando huí de su lecho.
Antes de ceder al cansancio alimentado por esa alargada espera matutina, escuché el chillido metálico de la cortina del estudio donde reposaba tranquilo, pensando en todas estas cosas. Pareciera que el estruendoso ruido del rodar de sus oxidados engranes, viniera a traerme de lleno a la realidad, aunque algún retazo de los vaticinios invasores de mi imaginario, se aferrara con las últimas fuerzas que le quedaban, a mi doblegado subconsciente. Mientras el local donde me apoyaba hace un rato, se iba poblando de luz, descubriendo los últimos recovecos entre los archiveros que se veían desde la calle, sentí tristeza. La tristeza del ciego que sueña su belleza, pero no tuve tiempo de saber si vos también la sentías…
Ya la chica de la cartera había parado el colectivo, y yo estaba agarrándome del pasamano de la puerta.

martes, 10 de febrero de 2009

Y hoy que vivo enloquecido porque no te olvidé














G7(b9) - Em(add9) - A7(b13) que son todos esos tonos?
Por qué Spinetta siempre usa tantos tonos raros en sus canciones…?
Y porque es Spinetta!!!, sino andaría cantando “No te preocupes paloma, ya no hay pájaros en el nido”, para que varias adolescentes de 14 años con el mismo relleno de almohadón en el marote, lloren como estúpidas.
Ayer agarre la otra guitarra, la criolla, ya cansado del sonido a lata de la otra, que tengo más a mano.. Esta guitarra siempre la uso cuando me vuelven las ganas por el tango..Ganas que hace rato se fueron lejos, por no decir que siguen colgadas en el ropero, parafraseando la actitud llorona de mi noche triste. Eso es lo que me aleja del tango, la postura de hombre victimizado, llorando por una mina. Me hincha las pelotas y me hace odiar a Cadicamo. Pero de golpe, me acordé de gricel, que medianamente lo se tocar, pero como el tango que es, y no como la versión del flaco.
Me acuerdo que hace unos meses fue de invitado a volver rock, y le hablaban de temas que había grabado en determinada época, y de golpe canto Gricel..Acompañado solo por su guitarra…
Estaba tirado en el sillón y me abrió el pecho en dos escuchar algo tan lindo. Este tipo es un generador de belleza, con su voz delicada y finita, con ese humor, y sus extrañas dudas existencialistas.
Pensar que me acerqué a su música en joda… Me cansaba que las letras de sus canciones no se entendieran, y parodiándolo armé la canción del “hombre celeste”, la cual tenia como finalidad hablar de algo que no se supiera bien que es, pero que rozara en todo momento el lenguaje poético. Todo en joda..
Mas tarde inventé una historia para ese hombre, que le diera un sentido, sentido lineal sobre el enamoramiento, pero eso es otro tema.
La cosa es que a mi la lluvia no me inspira y me hace escribir esta boludez…
“A mi la lluvia no me inspira” yo no sé que lo llevó a creer a Antonito birabent que esa frase era genial como para hacer una canción, tal vez era fruto de otra parodia desconocida, valla a saber a que otro músico queél admira en las sombras.
La cuestión es que agradezco al genio de Spinetta, dueño de una extraña alquimia, que transforma en belleza, todo aquello a lo que toca.






domingo, 8 de febrero de 2009

El viaje del Hombre celeste

El hombre celeste, se divierte hundido en las profundidades de su frío manto. En su éxtasis logra espejar de manera incondicional a su eterno e indiferente amante milenario.
A medida que se sumerge va poblando de sombras a todo su alrededor, y en su constante viaje submarino, las penumbras se tornan amenazantes, y la certeza de soledad es más que evidente.
El hombre celeste baja la temperatura de su cuerpo, y el mar calma su braveza, de éste modo el oleaje decrece, y amengua las caricias diarias que esperan ansiosas las rocas y la arena de la costa. Es así que durante ese viaje a las profundidades, ese hombre dueño del mar logra ensuciar con el tinte del olvido, a los recuerdos de su amor no correspondido, que se mantiene impávido en la inconmensurable franja azul, que envuelve al globo, y libera a las aves en un vuelo resplandeciente.
Sin notarlo, la arena en la playa atraviesa la misma suerte que aquel hombre olvidadizo, y durante esa ausencia plasmada en la irreverencia de sus olas, la arena vuelva sonreír y reverbera en un dorado triunfal. En ese instante ha borrado de su existencia el penar que produce el adamantino toque del hombre celeste, que enamorado del cielo no alcanza a intuir la pasión de cada uno de sus amarillos gránulos.





sábado, 7 de febrero de 2009

Más basura que llaman arte

Son tan lindos mis dibujos!

No quiero decir que estoy en contra de la gente que hace historietas, pero de ahi a creer que eso es un arte...
Hay montones de personas que leen Batman, y dicen que la historia es una obra maestra"dejemonos de joder!", igual por ellos no me preocupo, porque son solo Nerds, timidos, gorditos y aburridos, a los que ninguna mina les da bola.
A mi me jode muchisimo Liniers, que se cree un genio y es un terrible pelotudo.
Un tipo que hace historietas y escribe cosas que me hacen reir muchisimo, es un tal Podeti, que escribe para Clarin.
Como diria catalina drugui es mi recomendado de la semana.
4 estrellitas

viernes, 6 de febrero de 2009

Temprano



Las manos heladas, el olor a transpiración, los labios resecos y la mirada cansada. Otra vez el espejo, la ropa en el piso, el café con leche y el diario de la mañana en la cocina.
A veces pienso que lo hiciste tan bien, que todos nosotros te creímos al pie de la letra. Por lo menos yo compré tu idea más mentada. Creo que ahora ya no sos igual, pero que importa que no vuelvas a inventarte, jugás actuando a ser el que nos vendiste, y no podes equivocarte jamás, porque todos aceptamos felices tu papel.
¿No existirá nada nuevo en el fondo del bolso, que cuelga de tu brazo?
Será cierto entonces que te tocó ser como te conocimos aquella vez, y de ahí en más te has esforzado por mantenerte fiel a un perdido imaginario. Esa imagen que sigue vigente en todos nosotros. Y como no iría a ser de ese modo, si lo haces tan bien, que es imposible hacerte algún reproche, luego de todos estos años…
Una y otra vez, actuando el mismo papel, mejorándolo en sus matices, histrionismos, en la acentuación de sus voces o silencios, sos tan perfecto que no me canso de admirarte, y cometo, sin darme cuenta, el mismo error cada mañana. Contemplarte durante esos minutos consigue retrasarme, pero ya no ha de importarme. Nunca he sido puntal.
Por eso cerrás el botiquín, te vestís un poco apurado, y otras vez el café con leche y el diario de la mañana esperándote sobre la mesa de la cocina.

miércoles, 4 de febrero de 2009

La mañana es asi...

Hoy empezaron las vacaciones, me di cuenta recién arriba del bondi esta mañana, yendo al laburo. Me es fácil conseguir asiento cuando están todos ocupados, me basta con quedarme parado un ratito al lado de un pendejo, que seguramente a las 4 cuadras se va a levantar, para bajarse delante de la escuela Nº 6, que está enfrente del club Bomberos Voluntarios. Cuando es temprano todo es más tranquilo, la gente es amable y hasta me gusta desearle siempre los buenos días al chofer cuando subo, y como debe ser son retribuidos de igual forma de su parte, porque como bien dije antes, las personas son más amables a esa hora. No es lo mismo decirlo a las seis de la tarde entre bocinazos y semáforos en rojo, que ahí cuando la discreta oscuridad va abriéndole paso a las voces pausadas de los informativos radiales, a los olores de panadería, al sueño de un gato apoyado en un tapial y al ruido de las persianas metálicas que descubren las humildes serigrafías en las vitrinas de los negocios.
El destierro adolescente de los asientos del bondi, vino severo a notificar, el fin de su actividad escolar, por estas dos semanas. Y que se le va a hacer… A menos que adiestre mi intuición de distinguir los primeros asientos a desocuparse, no va a quedar otra que resignarse a viajar colgado del pasamano hasta bajarme en la próxima parada en mí itinerario matutino, donde ya con las luces de los postes apagándose y las veredas manguereadas por los porteros de los edificios, espero la llegada del 113.
Hace unas semanas estando en ese mismo lugar a igual hora, me pareció verla bajar de un auto sobre Av. San Martín, cruzó corriendo y se tomó el colectivo que va para Ramos. No la pude ver bien, porque justo el semáforo abrió y los autos que avanzaban me la taparon, ni siquiera sé por qué vino a mí mente que podía llegar a ser ella, la vi de espaldas solamente, pero diría que su forma de caminar la delataba. De cualquier manera no entiendo porque su figura por ese pequeño instante se instaló de vuelta en mi cabeza, si yo nada más pensaba en el reloj, en las fotos de las revistas del puestito de diarios, o en comparar al viento que sufría ahí parado, con otros vientos de mis lejanas épocas escolares, que según parece eran mucho más fríos.
Me disgustó un poco que me invadiera en ese entonces. Reconozco que la mañana me tiene acostumbrado a la total carencia de emociones, y debe ser por eso que cualquier cambio me llama la atención. De otra forma ni me hubiese dado cuenta de que hoy no había ningún chico sentado arriba del bondi.
-La mañana es así!. Salís de tu casa caminas hasta la otra esquina y de seguro ahí va estar antes que vos la chica de la campera con puños de piel, con la capucha puesta. Un minuto después va a llegar la colorada que tiene la cara redonda parecida al príncipe de Holanda, para luego subirnos los tres al mismo colectivo, sin cambiar nunca una mirada siquiera, a pesar de conocernos hace meses. Una vez en el viaje en la tercer parada subirá el personal trainer, como suelo decirle por debajo, con el pelo corto peinado con gel y su costoso equipo de gimnasia. Ya bordeando la plaza, la rubia con sus jeans apretados, marcándole la cola, saca boleto de $1,40, y una mujer de unos cincuenta y pico que recién sube, saluda a otra que casi siempre viene sentada delante de todo, al lado de la máquina; mientras en el fondo otra de anteojos, que se mantiene ajena a todo su alrededor, lee y subraya hojas de curriculums, apoyándolas en el portafolio que descansa sobre sus piernas. Así es la mañana, por lo menos la mía, y la de mis acompañantes de viaje, de los que sospecho que también la viven igual.
La otra vez aquella que cruzó la calle apurada por el semáforo casi como una sombra, vino a anunciarme nuevamente la presencia de ella. Como un atisbo premonitorio, a lo que me tocó vivir hoy en el 113.
Hoy subió. Sí , hoy subió!!, yo venía parado en el fondo, la vi y era ella. Pero no me importó demasiado. Quizás porque no era, se parecía un poco nada más. De entrada me di cuenta que era otra, con otro nombre y otra voz seguramente, pero aun así me dije a mi mismo que era ella de vuelta, por más que estuviese conciente de que no. Llevaba el mismo abrigo antiguo. Era una especie de Cardigan gastado y rojo, ajustado con un cinto liviano, igual al que solía usar, y le describía mejor su cintura, que casualmente coincidía con la de ella. Lo cual me resultó rarísimo, porque no es una prenda de moda, es inusual que la vistan hoy en día. Por obstinación del azar, desde el fondo del pasaje, podía confirmar como coincidía su manera de contestarle con una leve sonrisa, al gordo que le sacó el boleto y le charlaba de cerca a su boca, mientras me daba la espalda, que también guardaba una íntima semejanza con la de ella, sobretodo por la forma en la que veía caerle por encima, la ondulación de su pelo rubio y descuidado. Tendrían las dos la misma altura, pero aunque nutría con cada uno de los detalles que le descubría, su tenaz parecido, era en vano pensar que se tratara de ella. Hasta traté de jugar un poco en el momento que la vi atravesar la puerta. Desde la distancia que nos separaba, buscaba mirarla con un solo ojo, tapándome el izquierdo por ejemplo, y levantando una mano, para cubrir una parte de su cara, la de su nariz criminal, asesina de mi ensueño. La nariz era lo único que legitimaba la diferencia con la personalidad que tanto habría de anhelar. Era demasiado grande. Por eso es que decidí seccionarle levemente su rostro con la ayuda de dos dedos frente a mi ojo derecho, que era el que permanecía abierto. Así que por el espacio que tardó el gordo que la acompañaba, en meter las monedas en la maquina, jugué al feliz engaño.
El resto del viaje, me dio la espalda, lo que me daba de vuelta un leve indicio de que podía llegar a ser ella para mí, otro ratito más. Apenas cruzamos el puente de la General Paz, los dos se bajaron, y de manera desesperada me fui contra una de las ventanillas, para mirarla por última vez, y verla integra reluciendo su enorme nariz y darme cuenta de que por fin se trataba de otra.





Era el mes de Julio creo...

lunes, 2 de febrero de 2009

La Existencia del Hombre Celeste

Estaba recostado en la arena de la playa, cuando veía hundirse en el mar la incandescente gema del ámbar que encendía el cielo, el amor imposible de aquel hombre dueño del mar.
El mar se hizo inmenso, por el solo placer que significaba reflejar ese espacio celeste, gris, a veces dorado, y hoy en un furioso carmín, ámbito que encarceló a todas las aves. El mismo que roba pequeñas porciones de su agua salada, para que ella dance espumosa en el aire, teniendo cortos amoríos, que mueren con el llanto de estruendosas tormentas.
Es así que esa pasión desatada en los cielos, se ha repetido por la suma infinita de los días, que han dado vida al mundo. Su fruto ha enamorado al hombre celeste, que espera ansioso la decisión de su amante incondicional, por robarle ese pequeño tramo de su esencia, para devolverlo a sus profundidades cuando da por satisfecho su deseo amatorio.
El hombre celeste se ha acostumbrado a vivir condenado a esa espera atroz, y se distrae tallando las piedras de las costas, derribando pequeños cangrejos, en sus cortas excursiones por las orillas del mar, haciendo cosquillas en las panzas de enormes manatíes, y acariciando la arena de la playa.
La arena sin querer, se ha enamorado de aquel hombre, acostumbrada a recibir su toque adamantino, tras el repiquetear constante de sus olas, logrando enternecerla durante cada crepúsculo. Sin darse cuenta el hombre celeste es también culpable de ocasionar la misma desdicha que él sufre.
Y yo sigo sentado en los medanos, cuando el sol está por apagarse debajo de esa inmensa línea horizontal, que vincula a aquellos dos amantes arcaicos. Tomo un puñado de la arena, que subsiste con el peso del engaño, y de forma inmediata se desliza por los huecos de entre mis dedos, para caer de nuevo en la playa. Allí espera ansiosa la caricia del hombre celeste, que permanece impávido reflejando en el cristal, al hermoso cielo en su total esplendor.