Mostrando entradas con la etiqueta noche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta noche. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de julio de 2011

Puerta roja

Siempre pensé que es un tema químico lo mío, el problema es de las sustancias que no irrigan los neurotransmisores. Puedo pensar en la mierda de mi laburo, en una mina o en dos, pero basta con resumirlo en que las neuronas dejaron de bañarse en dopamina, para saber que sos casi un maniquí al que vestís y desvestís. No sé que es la dopamina, pongámosle que es una pichicata natural, que brinda sensación de bienestar.
Fue un viernes a la noche donde solté feromonas (otra sustancia natural), cuando vi a una mina sentada en un sillón entre montones de compañeros del trabajo. Era un after-office en San Telmo.
Se llama Sofía, es lo único que sé. Es muy flaca, de ojos marrones a primera vista y verdes recién a la cuarta mirada; su nariz alargada, sobre su boca enorme con labios finos; no tiene tetas, pero es muy alta y ese pelo larguísimo de un color oscuro y claro a la vez, el color que indica que huele bien desde lejos, huele a feromonas creo, por más que las feromonas no huelen.
Las hormonas que enaltecen la belleza, irradiaban de su cabeza, se lo dije y no me creyó, -Nena tenes el pelo lleno de feromonas!, por tu culpa no puedo dejar de mirarte, y sentir la necesidad de acercarme para decirte estas huevadas sobre la química de los cuerpos.

A vos no te interesan, porque tu felicidad pasa por otra parte, y que te pueda causar cierta gracia que yo te lo explique de esta forma, es el misero boleto que habilita la dopamina que alivia mi sentidos.

Sofía sonrío con su boca enorme.

jueves, 2 de julio de 2009

Cuándo fue hora de cambiar?

Cuado era chico, andaba mucho en bicicleta por mi barrio…Casi que tenía estudiados a los diferentes puntos desperdigados por cada zona de Ramos Mejía, en donde era posible cruzarme a las pibitas que me gustaban..,
A los 16 años, era un adolescente, muy flaco, que usaba el pelo largo (atado atrás con alguna colita), con aros en la oreja, y por ser verano tenía la costumbre de estar quemado a full. (Seguramente era muy grasa, pero me sentía genial cuando volvía a casa de noche con mi bici Playera, con todo ese pelo mojado).
Quizás estaré dejando demasiado en evidencia que extraño a mi pelo…
Una vez, volviendo de ver a Valeria, por la calle Pizurno, a 2 cuadras de donde yo vivo, mientras esperaba que los coches que venían de la avenida San Martín, me dieran paso para cruzar, escuché el sonido de un violín… Me llamó la atención, porque no sabía de donde venía, hasta que miré para arriba, y vi la luz prendida en el chalet de la esquina, donde se veía a una chica estudiando de espaldas a la ventana, leyendo con sus movimientos torpes y entrecortados del arco, que sostenía erguido con sumo esfuerzo.
Me quedé un tiempito escuchándola y me fui contento… me hubiese gustado conocerla, decirle que oía su música y también iba a un conservatorio hace muchos años, como seguramente haría ella.
Fue así como hice diaria mi costumbre de pasar por Pizurno levantando la cabeza, para mirar la ventana del chalet, y ver si estaba la rubia del violín ensayando.
Y después la facultad, el laburo, las minas, las minas de noche, escribir cartas con forma de bollos, los amigos perdidos, las mañanas en colectivo, discutir, y anotar números de teléfonos. Hasta ayer a la madrugada, que con mis brazos temblando sostenía el manubrio de la misma bicicleta ya destartalada, oxidada, con el sonar de todas las tuercas flojas, que me distraían del viento helado del barrio que también chilla de frío húmedo.
La luz roja del semáforo en Pizurno, y sin darme cuenta mirar hacia arriba, y encontrar de vuelta la ventana abierta del chalet, ahora con la luz apagada, pero pudiendo ver entre las cortinas, asomarse a una partitura durmiendo en un atril.

martes, 23 de junio de 2009

Conmigo sos otro!

Por que sos distinto cuando estamos solos?.
Te quedas callado y juro que te mataría!, si vos no sos así!!

Y pensaba que ella tenía razón, y que me amargaba demasiado, las veces que intentaba incluirme a su círculo social, del que prefería excluirme o rozarlo apenas por su tangente.
Fue una noche de verano, donde había pasado a buscar a Maga por la zona de los barcitos de Beiró. Cuando la saludo me dice: “No te jode, que vallamos a tomar algo con mi prima y le novio”…le dije que no tenia drama, cuando se sabe que no hace falta responder a las preguntas retóricas.
A los 15 minutos, ya había adquirido la forma del ser despreciable, amargado y aislado de la conversación interesante de esa mesa con cervezas traspiradas, como centro de 4 miradas desencontradas.
Hace un tiempo hubiese aceptado, sin disgusto la queja de ella, a causa de mi repudiable transformación.
Pero hoy no!.. Dónde es capaz de encontrar el disfrute un hombre que escucha a dos minas hablando de fechas de parto, y mostrándome fotos de ecografías 4 D. Yo tenia razón, hoy no soy culpable de nada!
Creo que el único momento en el que me vi tentado a romper la lámina de saliva que habían sellado mis labios, fue para decir que esas fotos de ecografías, para mí eran todas iguales. Son de un video que los médicos tienen grabados hace años en un cassette, y se lo muestran a todos los futuros padres, para que se queden contentos y tengan la excusa de cobrarle una fortuna, dejándoles ver el crecimiento de su supuesto hijo, que nada en la mar de una pantalla de 7 pulgadas. Al fin y al cabo son todos idénticos adentro de la panza.
Por más que no tenga la certeza de esta pelotudez que en verdad pienso, si existe la hipótesis del fotomontaje de la llegada del hombre a la luna, esta suposición podría ser valedera tranquilamente
Pero como se perfectamente intuir, los momentos en los que puedo decir algo con el afán de ganarme el odio generalizado, elegí seguir callado, o peor aun, elogiar lo bien que salía el bebe en la foto carísima, que les había vendido el médico que los atendió.
La noche pasaba lenta, tanto para mí, como para el novio de la prima de Maga; Walter (por llamarlo de alguna forma, debido a que ya olvidé su nombre).

Walter y yo, somos dos extraños, íntimamente vinculados por el hecho de compartir la misma situación de incomodidad, el mismo anhelo de despedida, posterior al rechinar de las patas de las sillas, al levantarnos de una buena vez, y alejarnos de ese lugar.
Quise ganar otros minutos yendo al baño. Plan decadente, porque mi camarada y extraño a la vez, eligió acompañarme.
Afianzando nuestro vínculo, de cara a los mingitorios, mantuvimos la ligera cordialidad
“¿Y hace mucho que salís con Maga?”,
“Esta bueno este BAR. Viste…”,
“Parece que mañana va a llover”,

De repente nos miramos y entendimos que entre nosotros ya no hacia falta fingir, acá el silencio no esta penado. Terminamos de mear y salimos caminando lo más despacio hacia la mesa, sin dirigirnos la palabra.

jueves, 21 de mayo de 2009

De la mano...

Veníamos discutiendo por la calle y a la vez seguíamos tomados de la mano. No aprendí a soltarme todavía. Me acuerdo de esa imagen, cada vez que me bajo del colectivo. Casi siempre el chofer termina arrancando antes que decida bajar el último escalón para alcanzar la lejana vereda. La firmeza del pasamano que me sostiene, dibuja aquel momento todas mis mañanas. Quizás esté surcando los terrenos de la locura al aparejar el recuerdo de tus manos con la protección que me brinda el barral manoseado del bondi, y de ser así, ya no me parecen tan desabitados ni misteriosos esos lugares donde no se condenan a las excentricidades.
Escuchaba tus palabras y sentía una repugnancia atroz que me incitaba a guardar silencio. Rememorar cada una de tus frases, y desmenuzarlas en oraciones para soslayar las palabras más crudas e hirientes, que aun hoy retumban en mi cabeza, fue solo en post de acrecentar ese desprecio que me nacía al oírte. Después a modo de justificativo me pedías que te explicase para que te quería, (O mejor dicho cuales eran mis intenciones con vos) mientras yo seguía callado, caminado hacia el hotel y sin soltarte de mi mano, sin entender la razón de tanta crueldad, (si hay algo que jamás pueda llegar a ser necesario, es la elección de ser cruel).
Sabes una cosa.., ¿Nunca te pasó alguna vez? ; ver algo todos los días y pensar que aunque sea demasiado conocido, evidente, o repetido, nunca vas a llegar a entenderlo del todo. Sospechas que hay algo que excede al registro de tus ojos, que está ahí, pero no lo alcanzas a ver, aunque lo puedas sentir. Existe pero te es ajeno.
Todas las noches volviendo del trabajo, miro el jardincito que está adelante de la casa de mis viejos. Es el mismo de siempre, tan chiquito y poco especial, obra de un arquitecto desquiciado con el afán de robarle una pequeña porción de verde a esa diminuta superficie otorgada a la imaginación de sus planos. Sin embargo cada vez que lo veo, tengo la sensación de que abajo de esa tierra aplastada se esconde algo antiguo, un tesoro que pregona la buenaventura de quien ha de hacerse con él, un regalo oculto a centímetros del suelo que espera por ser descubierto, pero no por cualquiera, espera que yo lo descubra. Sé perfectamente que si remuevo un poco esa tierra, con algo de pasto a sus costados, y salvajes plantas de oscuras hojas redondeadas, voy a toparme con él. Hasta un limonero sin limones, que milagrosamente brotó de la semilla que mi hermano plantó alguna vez, adorna ese jardín. Su tronco firme, se engrosa con los años, a pesar de a haber crecido enano, tras el cerco de las altas paredes de los edificios, que cuartan la libertad de sus nobles raíces.
En ese paraíso escueto de flores marchitas, regadas por el gotear constante de los desechos del aire acondicionado del vecino del piso de arriba, también crecen los limoneros, los limoneros que no brindan limones, por lo menos.
Podes creer que cada vez que estoy por entrar a casa miro ese paisaje moderado y empobrecido de esforzada naturaleza y estoy tentado en revolverlo, para darme cuenta que es verdad aquello que imagino, que existe en su interior, y es hermoso. Sin conocerlo sé que me va sorprender como nunca he de sorprenderme por nada, y por sobre todas las cosas lo sentiré mío. Pero lo miro así nomás, y con cierto desgano elijo estar de nuevo en mi casa, sentado adelante del televisor. Me doy cuenta que no importa revolver o cavar 3 metros bajo la tierra, me dejo envolver una vez más por la realidad que impera en ese acostumbramiento de las grandes urbes. “Ahí abajo no hay nada” suelo repetirme cuando esas ganas de explorar el miserable terreno me invaden en el hall de la puerta.
¿No es común que te detengas un minuto a pensar en eso y darte cuenta que a vos como a tantos otros también les pasa?
Me miró con una marcada indiferencia y al instante nos soltamos de las manos. Luego de haber caminado varias cuadras, ya habíamos llegado al hotel.

lunes, 13 de abril de 2009

No me cabe



Hay algo que siempre me pareció desagradable, y creo que a ella también se lo dije, un día que esperábamos juntos el colectivo, en la esquina de su casa. Siento rechazo por esos besos largos, acuosos, y desesperados, donde las lenguas pulsean hasta acalambrarse. Odio que esos besos se den en las veredas más caminadas, ahí en el mismo lugar donde hay una panchería abierta, los chóferes hablan del partido del domingo y los chicos salen del colegio en guardapolvos. Sinceramente mi desaprobación a esos besos, es a toda hora, y te lo aclaré ese día que me acompañaste a la parada del bondi, mientras estábamos sentados en el escalón de una casa, y fingía jugar divertido con tu perrita blanca, a pesar que es un animal muy antipático.
Creo que nuestras caminatas eran de lo más obscenas, hasta el punto en que esos besos sobreactuados quedaban exentos en ellas, vos estuviste de acuerdo conmigo en lo de ese tipo de besos, también los rechazabas de forma oculta.
Otra noche, en la que volvía de Palermo en un taxi con Mel (...Mel es otra mina). Me dio no se qué, decirle de parar en el telo, abajo del puente de av. Córdoba, cuando pasamos frente al edificio… No pude proponérselo, la conocía poco, así que seguimos y terminamos en un bar de lo más berreta, cerca de la casa de ella, donde algunos bailaban con los temas que elegían en la rockola. Serian como las 5 de la mañana, cuando me harté de las cervezas, y las charlas moribundas, cuando salimos para quedarnos parados un rato más, apoyados contra la vidriera del mismo bar. Y otra vez su aliento diluido en el mío, ambas bocas inundadas, manosearle el orto, y algunos dedos que ya sorteaban el pantalón. De pronto levanté la mirada y vi a un gordo que desde la ventanilla de un Ford Falcon me hacia señas agitando una de sus manos, que entrecerrada describía perfecta el bombeo constante de un inflador. Como diciendo “te la vas a empomar!”
Y ahí sentí la vergüenza de mi retórica anterior.
Por esos nuestros paseos obscenos jamás me avergonzaron.





*Creo que eso de "paseo obsceno", me suena a canción de Cerati..Que vergonzoso, es eso también