lunes, 27 de julio de 2009

Solo la agujita larga

Esto lo cuento hoy, aunque bien pude haberlo contado hace más de un mes, cuando en realidad pasó, pero como me pasó a la mañana bien temprano, da lo mismo…, total no hay nada que se asemeje tanto como mis mañanas.
Para hacerme un favor, ella vino a decirme, que me levante de la cama que ya era la hora.
Me lave los dientes, sin mirarme en el botiquín, me vestí mal con la ropa que junte del piso, y todavía sin abrir los ojos tomaba en la cocina, lo mas rápido posible el café con leche, (idéntico al que voy a tomar los otros 4 días), acompañados por el mismo paquete de galletitas, que me duran varias semanas, en la alacena.
Mientras miraba el reloj de la pared, "eran y 20", así que estaba justo con el tiempo.
Salí de casa solo, mientras ella volvía para meterse bajo las sabanas, cumplida su tarea de despertarme.
Todavía de noche, veía desde la parada del colectivo, que el kioskito de enfrente seguía con las persianas bajas. Me pareció raro, pero la verdad, ni me interesó.
Me bajé en la avenida Mosconi para esperar al segundo colectivo. Ahí se me entremezclaron los sentimientos de satisfacción y extrañeza, al verme solo en esa equina, sin cruzarme a ninguna de las personas que suelo encontrarme a esa hora. Miro el reloj y "ya eran y 35"…
Estaba llegando bien, en el momento que estiraba el brazo y paraba al 113.

Al ver que venia medio vacío, cuando es común dejar pasar a más de 3, que vienen colmados de gente, apurada por llegar a su trabajo, hizo que ya me empezara a inquietar. Si bien la buena suerte debe existir, ya había algo que olía mal.
Arriba de mi 2º bondi de la mañana, "deberían ser y 40"…(ya ni siquiera quise sacar el celular del bolsillo)….Cuando noté que al cruzar la General Paz, el sol ni se molestaba en amagar con pintar de naranja a las ultimas nubes que se abrían a lo lejos.
Donde estaba el sol?
Estoy llegando temprano y todavía es de noche. Y ya se perfectamente, que es al pedo mirar bien el reloj ahora.
"Son menos 5"…Ahora solo resta esperar una hora más hasta que sean las 8 menos 5 de la mañana.
Y la puta que te parió, a vos y al favor que me venís a hacer, para que no me quedara dormido.

jueves, 23 de julio de 2009

Guarda Boludo!!

Soy tan capo cuando camino por Londres.

EPA!!


La Concha de la Lora!

















Que Finito



Cuando descubrí los videos de Nino Bravo, me tenté demasiado. Tanto, que se lo mostraba a todos. Venia Anabel a casa, y se los hacia fumar enteros. Porque toda esa magia era digna de compartirla.
El tipo tenia la costumbre de salir a caminar y pedir que lo filmen, era único Nino!
Stand Up, de antaño. Y ese cagaso que se pegó no fue improvisación en lo mas mínimo.

A veces es simplemente una garcha y no hay vuelta que darle


Te das vuelta, dándome la espalda y cubriéndote hasta el cuello con las sabanas rojas.
Creía que era distinto, pero te escuché de cerca y vos también respiras pausado. Por los dientes entreabiertos se cuela el aire que congela tu lengua que es muda, y moves las piernas al mínimo roce. Por eso elijo estar quieto, para no trasgredir al sueño, mientras me niego a que sea lo mismo, detrás del rojo telón de esas sabanas humedecidas del aliento agrio y reseco. No puede ser lo mismo!
Hoy el colectivo de la mañana y las sabanas rojas y los tres cuartos de tu espalda, que reverberan con las primeras luces que atraviesan las ventanillas. Hasta llegar al laburo y de vuelta tu espalda destapada reflejándose en el metal del portero eléctrico, que se repite en la mesa del almuerzo, y en el viaje de vuelta, que me deja verla bañada de sombras.
Y ahora sentarme en la cama, y al costado vos que tiras de las sabanas para volver a taparte la espalda que lucha por asomarse. Y es inútil pelear para que no sea otra vez lo mismo.
Ya no lo es… es más, creo que las sabanas son grises.

domingo, 19 de julio de 2009

y Sofi también creció...

Pero que linda era esa nena, si vos la hubieses visto pensarías igual que yo, no me caben dudas. Ahí sentadita de rodillas, jugaba amontonando la arena que abrazaba con sus dos bracitos. De seguro sonreirías al verla, de la mejor manera. De la manera en que sonríe la gente distraída, a esos que la espera ya no les preocupa.
Cuando la miré por segunda vez, me di cuenta que le faltaba una mano. Pobrecita!
El muñón que asomaba de dentro de la camperita rosa, ayudaba a amontonar la arena de su montaña y a separar los pedazos de basura que se colaban a los costados.
Por más que la vieras contenta te da pena. Que le vas a hacer!
La belleza se tiñe con el morbo que alimenta la futura cadena de preguntas, que dibujan esa falta de dedos en tu cabeza.
Que se yo!, Será que siempre me dio por comparar.
Me veo en su situación y me duele. Duele mucho cuando algo mío falta. Me miro las manos y están las dos ahí donde tienen que estar. Me alivia eso, pero otra vez la imagen del muñón, y la puntita de los dedos que apenas se anudan en la punta, me dan frío, ni uñas tienen.
Tengo vergüenza de mirarla de vuelta, por eso bajo los ojos y ahí están. Mis manos están ahí
como siempre, y eso me alivia porque necesito a las dos.
Ves que no sirve comparar!
Ella acaba de terminar la cima de su montaña, con una estupenda punta redondeada.

miércoles, 15 de julio de 2009

Sony

Por qué toda la fuerza que no emplean las mujeres en ninguna de sus tareas, por ser el sexo débil, la vienen a soltar toda junta en el momento que cierran la puerta del auto?

De mi auto...(Solamente era para poder decir MÍ auto)



Desde hace un ratito, puedo volver con Ian Brown de fondo, si quiero.


miércoles, 8 de julio de 2009

No aprendemos más

Tengo ganas de que en la tele hagan un experimento periodístico, dignos de los que hace canal 9; en donde manden a un tipo a mezclarse con todas las demás personas en la calle, sin adoptar ningún método de prevención, contra el contagio de la famosa gripe.Que sea una semana con un chabón al que le tosen en la cara, babosea barrales de bondis, comparte el mismo chupetín con la novia, compra pebetes guardados en la campana del buffet de un bar, y duerme siestas en el piso del furgón del Sarmiento. Una vez concluida la vivencia semanal, a merced del alto riesgo de contagio, evaluar si adquirió o no, el virus.Para demostrarle a todas las viejas chotas que se envuelven la cara en una bufanda, o se clavan un barbijo, que no hace falta ser un idiota viviendo en una burbuja para estar sano. Ojala algún directivo cercano a Hadad tenga en mente esa idea tan pelotuda que se me ocurrió. Quisiera verla plasmada en la pantalla.
Desde que la paranoia se disparó, jamás fui precavido, sigo con mi vida de la misma forma. Pero hoy fui a la dentista después de un año, más o menos., Y desde que entré al consultorio, no podía parar de evaluar cualquier comportamiento que elegiría ahí dentro. Por empezar, cuando me saludó, no sabia si darle un beso o pasar directamente y sentarme, para no meterla en un compromiso a ella, pasándole mis gérmenes, que se regocijan en las mejillas. Una vez abajo del lamparón que te enceguece, me di cuenta que era al pedo no saludarla, ya que me manoseó la boca, me metió la aspiradorita de saliva, a la que jamás veo que le cambien la punta, e hizo desfilar a una variedad enorme del instrumental metálico, del que se perfectamente que su esterilización es puro mito.
Por mí que se vallan todos al carajo!, si me contagio, es pura suerte, no puedo vivir lleno de miedos, sin asumir riesgos. Tanto nos martillan la cabeza, con esta gripe, que nos terminan imponiendo la pauta del contagio a toda costa. Vivimos enfermos sin el virus encima. Nos enseñan como vivir, mal que nos pese. Sin estos putos medios, me hubiese muerto sin enterarme que el alcohol se vendía en Gel, en las farmacias.
Me acordé de la vez que me garché por primera vez a Chule, se lo había comentado a mi amiga Anabel. Le dije que el fin de semana pensaba salir con Chule y le iba a chupar toda la concha. Anabel no tuvo mejor idea que decirme; que si hacia eso me iba agarrar “Gonorrea”. Yo no sabia ni de que se trataba la gonorrea, que ya por el nombre genera cierto escozor. Ella muy sensata se encargó de colmar de contenidos apocalípticos, a mi cabeza, mostrándome imágenes de personas infectadas, a las que se les caían los huevos a pedazos, o se les hacían ulceras oscuras en la lengua.De esa forma lo que era un buen plan para el fin de semana, pasó a convertirse, en el miedo a los medicamentos y a morirse tosiendo en una cama de hospital roñoso.. Hasta estuve a punto de llamar a Chule para postergar todo.Mal que nos pese, todos se esfuerzan por enseñarnos como vivir.Y la forma mas rápida de conseguirlo, ¿cual es?
El miedo.

jueves, 2 de julio de 2009

Cuándo fue hora de cambiar?

Cuado era chico, andaba mucho en bicicleta por mi barrio…Casi que tenía estudiados a los diferentes puntos desperdigados por cada zona de Ramos Mejía, en donde era posible cruzarme a las pibitas que me gustaban..,
A los 16 años, era un adolescente, muy flaco, que usaba el pelo largo (atado atrás con alguna colita), con aros en la oreja, y por ser verano tenía la costumbre de estar quemado a full. (Seguramente era muy grasa, pero me sentía genial cuando volvía a casa de noche con mi bici Playera, con todo ese pelo mojado).
Quizás estaré dejando demasiado en evidencia que extraño a mi pelo…
Una vez, volviendo de ver a Valeria, por la calle Pizurno, a 2 cuadras de donde yo vivo, mientras esperaba que los coches que venían de la avenida San Martín, me dieran paso para cruzar, escuché el sonido de un violín… Me llamó la atención, porque no sabía de donde venía, hasta que miré para arriba, y vi la luz prendida en el chalet de la esquina, donde se veía a una chica estudiando de espaldas a la ventana, leyendo con sus movimientos torpes y entrecortados del arco, que sostenía erguido con sumo esfuerzo.
Me quedé un tiempito escuchándola y me fui contento… me hubiese gustado conocerla, decirle que oía su música y también iba a un conservatorio hace muchos años, como seguramente haría ella.
Fue así como hice diaria mi costumbre de pasar por Pizurno levantando la cabeza, para mirar la ventana del chalet, y ver si estaba la rubia del violín ensayando.
Y después la facultad, el laburo, las minas, las minas de noche, escribir cartas con forma de bollos, los amigos perdidos, las mañanas en colectivo, discutir, y anotar números de teléfonos. Hasta ayer a la madrugada, que con mis brazos temblando sostenía el manubrio de la misma bicicleta ya destartalada, oxidada, con el sonar de todas las tuercas flojas, que me distraían del viento helado del barrio que también chilla de frío húmedo.
La luz roja del semáforo en Pizurno, y sin darme cuenta mirar hacia arriba, y encontrar de vuelta la ventana abierta del chalet, ahora con la luz apagada, pero pudiendo ver entre las cortinas, asomarse a una partitura durmiendo en un atril.