jueves, 21 de mayo de 2009

De la mano...

Veníamos discutiendo por la calle y a la vez seguíamos tomados de la mano. No aprendí a soltarme todavía. Me acuerdo de esa imagen, cada vez que me bajo del colectivo. Casi siempre el chofer termina arrancando antes que decida bajar el último escalón para alcanzar la lejana vereda. La firmeza del pasamano que me sostiene, dibuja aquel momento todas mis mañanas. Quizás esté surcando los terrenos de la locura al aparejar el recuerdo de tus manos con la protección que me brinda el barral manoseado del bondi, y de ser así, ya no me parecen tan desabitados ni misteriosos esos lugares donde no se condenan a las excentricidades.
Escuchaba tus palabras y sentía una repugnancia atroz que me incitaba a guardar silencio. Rememorar cada una de tus frases, y desmenuzarlas en oraciones para soslayar las palabras más crudas e hirientes, que aun hoy retumban en mi cabeza, fue solo en post de acrecentar ese desprecio que me nacía al oírte. Después a modo de justificativo me pedías que te explicase para que te quería, (O mejor dicho cuales eran mis intenciones con vos) mientras yo seguía callado, caminado hacia el hotel y sin soltarte de mi mano, sin entender la razón de tanta crueldad, (si hay algo que jamás pueda llegar a ser necesario, es la elección de ser cruel).
Sabes una cosa.., ¿Nunca te pasó alguna vez? ; ver algo todos los días y pensar que aunque sea demasiado conocido, evidente, o repetido, nunca vas a llegar a entenderlo del todo. Sospechas que hay algo que excede al registro de tus ojos, que está ahí, pero no lo alcanzas a ver, aunque lo puedas sentir. Existe pero te es ajeno.
Todas las noches volviendo del trabajo, miro el jardincito que está adelante de la casa de mis viejos. Es el mismo de siempre, tan chiquito y poco especial, obra de un arquitecto desquiciado con el afán de robarle una pequeña porción de verde a esa diminuta superficie otorgada a la imaginación de sus planos. Sin embargo cada vez que lo veo, tengo la sensación de que abajo de esa tierra aplastada se esconde algo antiguo, un tesoro que pregona la buenaventura de quien ha de hacerse con él, un regalo oculto a centímetros del suelo que espera por ser descubierto, pero no por cualquiera, espera que yo lo descubra. Sé perfectamente que si remuevo un poco esa tierra, con algo de pasto a sus costados, y salvajes plantas de oscuras hojas redondeadas, voy a toparme con él. Hasta un limonero sin limones, que milagrosamente brotó de la semilla que mi hermano plantó alguna vez, adorna ese jardín. Su tronco firme, se engrosa con los años, a pesar de a haber crecido enano, tras el cerco de las altas paredes de los edificios, que cuartan la libertad de sus nobles raíces.
En ese paraíso escueto de flores marchitas, regadas por el gotear constante de los desechos del aire acondicionado del vecino del piso de arriba, también crecen los limoneros, los limoneros que no brindan limones, por lo menos.
Podes creer que cada vez que estoy por entrar a casa miro ese paisaje moderado y empobrecido de esforzada naturaleza y estoy tentado en revolverlo, para darme cuenta que es verdad aquello que imagino, que existe en su interior, y es hermoso. Sin conocerlo sé que me va sorprender como nunca he de sorprenderme por nada, y por sobre todas las cosas lo sentiré mío. Pero lo miro así nomás, y con cierto desgano elijo estar de nuevo en mi casa, sentado adelante del televisor. Me doy cuenta que no importa revolver o cavar 3 metros bajo la tierra, me dejo envolver una vez más por la realidad que impera en ese acostumbramiento de las grandes urbes. “Ahí abajo no hay nada” suelo repetirme cuando esas ganas de explorar el miserable terreno me invaden en el hall de la puerta.
¿No es común que te detengas un minuto a pensar en eso y darte cuenta que a vos como a tantos otros también les pasa?
Me miró con una marcada indiferencia y al instante nos soltamos de las manos. Luego de haber caminado varias cuadras, ya habíamos llegado al hotel.

7 comentarios:

Ivi * dijo...

Que bueno eso de las asociaciones libres. A mi me pasa muy seguido, son casos de, ponele, ver algo de color verde y acordarme de frases, lugares, bufandas, no se, cosas que quiza si las digo en voz alta no tienen sentido. Pero para mi si.

Si hay un lugar donde las excentricidades no son condenadas, invitame, por favor. Yo quiero ir.

Saludos

Claudia dijo...

Senti la mano, vi tu jardincito, presenti tus ganas de desenterrar el tesoro oculto bajo la tierra. Diego..logras emocionar, movilizar.. muy bueno...Un placer leerte

E m e dijo...

Es común caer en la realidad y en la costumbre (no son lo mismo?)o es común ser como limoneros sin limones creciendo en un escueto pedazo de ciudad.
Pregunta y afirmación.

Daniela dijo...

Jejeje..... :)Yo,por empezar no soy fotogénica...Por más espontánea que sea la foto,siempre salgo como el ojete.... :P Y las peores son las fotos carnet.Las odio con toda mi alma!!!
Me las sacaron al toque y en el momento que las vi lo único que quería era prenderles fuego...jeje :p
Con suerte esas fotos se van a perder en el tiempo y nunca más las voy a volver a ver....

Sobre lo que escribiste en tu blog....sinceramente ojalá pudiera decir algo al respecto.Creo que hasta que no tenga pareja y haya convivido con alguien lo suficiente como para estar en una situación similar,no puedo opinar nada sobre eso....
Pero ojalá estés bien.

Estuve escuchando "Book of Saturday" de King Crimson,tengo que decir que nunca antes lo habia escuchado y ahora está en mi lista de favoritos.Gracias por la recomendación.

Bueno,me voy yendo....
Buen fin de semana.

Dani.

Jacqueline dijo...

jaja, se ve que no te cae tan bien el sr.
espero que si igualmente, voy a leerte
un beso en la mejilla, me guardo el de los codos

Caro. dijo...

Si, era el colchon de la cama de mi abuela, jaja!
Muuuy bueno el Blog!
saludos ^^

☀Pau☀ dijo...

No es tan descabellado que le des la mano a la que no aguantás más, sólo porque tampoco te aguantás más las ganas de darte la mano.