lunes, 20 de junio de 2011

Es el A- B - C !!

Yo no entiendo dónde están los cráneos mas valiosos en la rama de la biotecnología, genética, o sin ir más lejos, de la propia medicina, tan difícil es darse cuenta que la solución a la calvicie, está en el gen de cualquier boliviano.
Vamos muchachos , o no se dieron cuenta que no existe un solo boliviano pelado?
Que esperan?, empiecen de una vez con este tema, el primer paso se los entregué yo, desde mi humilde lugar de observador científico, ahora está en ustedes inventar la vacuna.
Vamos!!, empiecen yendo al mercado central a recabar información, muévanse de una vez. Después no se quejen que los fondos del CONICET son escasos, ustedes tampoco se esfuerzan.

martes, 17 de mayo de 2011

En Sol Mayor

Con el paso del tiempo fui involucionando en mi forma de tocar la guitarra, no debo saber más de 6 canciones, de las cuales la mitad alcanzo a tocarlas hasta el acorde final, al resto las abandono por puro desinterés.
Recién agarré mi guitarra, que dentro de mi casa es una nómada que va de cama en cama, o del sillón a una mesa, acumulando la tierra suspendida en el aire. La limpio únicamente cuando le cambio las cuerdas, o sea una vez por año, más o menos. La levanté, sin tener ganas de oír nada en especial, como hago siempre que la levanto, ya más por acostumbramiento que por placer, y noté que siempre toco de arranque a la misma tonalidad. Un Sol mayor.
Ahora me acabo de dar cuenta que mientras más despacio toco, mejor suena. Hasta parece que me encanta lo que estoy escuchando. El único cambio es la razón de disponerme a alcanzar una cierta tranquilidad, como para percibir esa diferencia, con todos los otros soles que conocía. Si tocara como de costumbre, escucharía los mismos sonidos incipientes, que son demasiado repetitivos después de tantos años de venir tocando el mismo instrumento.
Fue un segundo en el que me preocupé por valorar, ese momento que trascurría en Sol Mayor, sin pensar en lo que vendría más tarde. Me abstraje de la modulación musical, la cual se encarga de cambiar un tono por otro diferente. Es indistinto que se module luego a un La menor o un Do mayor, como suele ocurrir en la mayoría de las canciones. En ese ápice de tiempo me mantuve embebido en toda su sonoridad de escala con un solo sostenido en la clave, la segunda de todas las mayores. El hecho que este en mayor, denota que mi ánimo es alegre está noche. Toda la música triste está escrita en tonos menores. La mayoría de los tangos tienen sus primeras estrofas en tonos mayores y el estribillo en menor, o viceversa. Es decir se reparte su dialéctica poética, dentro de un contexto de discordia y sosiego, amalgamando un todo.
Lo importante es que supe vislumbrar un instante de belleza en un miserable Sol Mayor, por el solo hecho de concentrarme en él únicamente.
Creo que muchos de nosotros cometemos el mismo error de preocuparnos en aquello que es próximo, y a la vez cercano. Sin darnos cuenta, vamos aniquilando montones de soles que pasan sin penas ni gloria por nuestros tímpanos, por esperar la incertidumbre que envuelve a la nota siguiente.
Por esto mismo me pregunto, ¿por qué la gente está tan apurada?, e insulta mucho cuando pierde un colectivo a la salida del trabajo, o se resignan aplastarse los unos con otros para no dejar pasar el colectivo que se detiene en la parada, totalmente colapsado con otras tantas personas que tampoco han de resignarse a esa espera que los aleja de aquello que verdaderamente les importa. Aquel lugar donde se dirigen con esa presura, ¿qué universo desconocido para mí les está ofreciendo?. Quizás halla pasado tan distraído por este mundo, que me he perdido cientos de destinos que también suenan en Sol Mayor.

martes, 18 de enero de 2011

Soberanía

En el caserón de floresta donde vivía mi tía Julia, hubo un loro, que hablaba. Cada vez que sonaba el timbre de la calle, gritaba " Dante! Dante!" , llamando a su viejo dueño, fallecido hace años. Llamaba a Dante y puteaba..porque los loros putean mucho generalmete y nos hacen reir.
Los loros son verdes y tienen las alas rotas para que no puedan volar y escaparse regalando felicidad a otras casas vecinas diciendo sus insultos.

domingo, 16 de enero de 2011

pragmático

Es triste, pero en mis 26 años, lo único que creo saber de las minas, es que les molestan que les toques el pelo.

martes, 11 de mayo de 2010

La rubia de la GNC

Hay veces donde no se puede escapar de lo mundano, del aire repetido de cualquier lunes. Tengo los pies húmedos, de baldosas flojas y las zapatillas pegadas con poxirán.
Hace más de dos meses que no me afeito. Cuando voy al baño veo mi sombra reflejada en los azulejos marrones. En mi sombra los pelos desbaratados que asoman desde los maxilares. No me gustan mis pelos largos, pero elijo no cortarlos. Juego de alguna manera a ocultarme, a esconder de un mundo desagradable, a mí belleza pobre, de cara bien afeitada. Mi barba desagradable, para mi mundo desagradable.
Las otras veces el mejor escape es pasar y quedarme mirándola a ella por un ratito, ver como los demás hombres, buscan hacerla reír, soñando también con su desnudez. Los hombres iguales a mí, con zapatillas pegadas con poxirán seguramente. Pero con la única diferencia de que ellos no se dieron cuenta que no pueden tocarte.”We cannot touch her”. Yo no me esfuerzo, te veo hermosa desde fuera de tu pecera, y acerco el dedo al vidrio para llamarte la atención a mi manera, para después dejarte nadar.
Ayer te vi de vuelta, y mientras las conversaciones de ascensor se encaminaban hacia su común destino de fracasos, desde el otro lado del vidrio con marcado desden me miraste por esos 3 segundos demás, que exceden la cortesía de cualquier tramite comercial. Me dijiste:-Y esa barba?... te quedaba más lindo afeitado, por lo menos a mí me gustaba más así-
Después sacaste la manguera y cada uno volvió a su pecera, que tanto humedecen mis pies de días lunes.

domingo, 14 de marzo de 2010

Revolución Industrial - 2º parte-

































No te burles al verlo, en algún momento él supo por donde iba el asunto.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Y fue en sus tiempos la reina del Montmartre...

Lo único que supe es que no podía resistir la tentación de abrir la blanca puerta de una habitación, en donde sabia que estarías hundida entre las sabanas inundadas con el olor del sexo. Lo último que quería era verte, pero sin pensarlo mucho, mi mano se enfriaba con el metal del picaporte que empezaba a girar hacia la derecha.
Fue lo último que verdaderamente supe, antes de que mis ojos vean los cables grasientos y encintados del portalámparas, que cuelga del hueco despintado, en el techo de mi pieza.
Sentí mucho calor, y esa corta sensación que uno trae medio de contrabando desde aquella otra habitación que te enfría la palma, al ingresar en ella. Ahora que uno sale de la misma de improvisto, está en otra habitación con las manos sudadas. Puede que sea un tanto raro... pero este componente efímero, hasta me hizo creer que ya había amanecido, con toda esa luz que tiñe de anaranjado el ambiente. Me asusté pensando que desperté tardísimo sin ir al trabajo siquiera, cuando en realidad se trataba de una truncada siesta de valla a saber que tarde de noviembre. Después a enjuagarse un poco la cara en el baño, y vaciar el frasco de Nescafé abajo del lavabo, que ya se llenó de agua otra vez.
Mañana capaz arregle esa gotera.

martes, 24 de noviembre de 2009

Los Blogs son todos una verdadera bosta

Menos el mio, por el simple hecho de que soy genial, y ustedes son demasiado boludos. Pero se que no lo hacen de malos sino porque no les da.




El Gabo que escribe en los baños y no conoce demasiado de ortografía, es el mismo que puede escribir otros grafitis arriba del mingitorio como "Si te arde cuando meas andá a un médico", o decir cosas como "Mi mamá no me deja entrar a este baño, porque dice que me drogo"












Y otro día conocerás la peor angustia
Hasta las sonrisas tienen labios leporinos
Sos tan rubia, que tu cola dice BOXING

sábado, 24 de octubre de 2009

Y renacerá

El letargo de una noche alumbrada por el monitor de la maquina, se anuncia decorado con el rumor placentero de las picaduras que arden en la piel.
Las uñas que roen sobre el pequeño cráter succionado en su pierna, transforman la saciedad del picor, en fuego que aniquila el alivio.
El avance de los minutos bañados de la luz blanca del tubo sobre su rostro, proyecta la hoja vacía, que busca explicar con palabras sobre un teclado, la sensación que aun le quema. De pronto, la calma se vio irrumpida por el vuelo cansino del insecto que se posa sobre la misma pantalla.
Bastó un dedo para deshacerlo, en una muda explosión sanguina. El color rojo diluido, se enerva en pixeles. La sangre mancha el blanco del monitor… la sangre que sin duda, es su sangre. El dedo que la esparce, la limpia hasta que la pantalla recupera el mismo blanco que ostentaba durante el letargo de su noche.
Y algún día la misma mancha reseca y olvidada, será descubierta una mañana cualquiera por el brillo que entra por la ventana.
Richard Ashcroft
Estas tan aburrido que matas un mosquito y te haces el poronga. Igual se que soy un grasa que tapa el auto con frasadas y ladrillos , porque tiene miedo de que caiga granizo.

martes, 13 de octubre de 2009

Soy re ingenioso

Duende nocturno

Grande la duda, bien lo dedujo
efímera causal que regocija
lamiendo de tus cantos el flujo
que brota al rozar con mi pija

Que bien que escribo!..mis sentimientos son tan profundos que me veo obligado a exponerlos al público...Por eso tengo un Blog...
Es la misma razón que eligen todas la demás personas que escriben su blog, ellos al igual que yo, escriben demasiado bien y necesitan hacerlo saber
















Ahh, el otro día volví a andar en bici, y pasé por ese paso a nivel (de la foto) que esta en Haedo, el cual pasaba todos los días a toda velocidad,para ir a la facultad. Me di cuenta que ahora me da miedo y tengo vértigo, porque no lo pude hacer, me baje de la bici, y pase caminando lo más cerca de la pared posible..Sentí que la baranda era demasiado baja.
FAaaa! Qué metáfora de la involución...!
Ves, que necesito tener un blog

domingo, 4 de octubre de 2009

Trapito (Qué mano insensible te clavó en la tierra marcando tus dias)

Ayer volvía del centro, y era un quilombo de autos porque estuvo la bendita procesión a Lujan, que existe también para joder un poco a la gente que no elige creer.Cuando llegué a Ramos, me acordé de sacar algo de guita del banco, antes de ir a casa. Y como Rivadavia estaba cortada, no sabía donde dejar el auto. Bordeé la placita Mitre, y con suerte pude acomodarlo atrás de un volquete delante de un edificio en construcción. A penas apagué el motor, ya se me acercó el cuidacoches con su pechera naranja fluorescente. Lo saludé y me fui corriendo ese par de cuadras, hasta llegar al banco, porque sinceramente me estaba meando. Me dan bronca los cuidacoches, porque asumen como obligación, el hecho de abonarle plata por estacionar en la calle. Además eran las 4 de la tarde, porque si fuera de noche todavía…Pero esta gente se adueñó del centro de Ramos y hace unos años uno no puede dejar el auto en ningún lado sin que estos te vengan a pedir plata.
Hay actividades de los Buscas, las cuales respeto un poco más…
A los tipos que te ofrecen limpiarte el parabrisas, o los que te venden flores en los semáforos, les doy las gracias si no tengo una moneda para darles, pero los veo como un rebusque válido, para ganarse unos mangos…pero estos que no tienen laburo y te vienen a pedir por una función nula que ejercen, sobretodo por su condición de anularte el derecho de dejar el auto en al calle, por eso todos les terminan pagando por el miedo a que te lo rayen.
La cuestión es que en menos de 5 minutos ya había vuelto del banco, y como era de esperarse el chabón con la pechera fluorescente anaranjada, se paró adelante, ayudándome a maniobrar con sus señas…(Como si fuese difícil sacarlo, cuando solo tenes un volquete adelante). Mi idea era otra desde le vamos, sabia que si avanzaba, me iba a meter de vuelta en el quilombo de autos que eran desviados por la policía, ya que Rivadavia estaba cortada. Iba a estar 15 minutos para retomar y como dije antes me estaba meando.
Así que fui práctico, mientras el bien predispuesto señor ya se disponía a recibir su propina, después de darme las indicaciones básicas para girar el volante, metí Reversa, y salí a los santos pedos, haciendo los 100 metros de esa cuadra, en marcha atrás, para retomar por la calle liberada al transito.
Se que soy un forro por no darle su propina…pero que me la chupe!.

martes, 22 de septiembre de 2009

El mundo es un pañuelo!

Recien me di cuenta que la Novia de Daniel Larusso, y la de Marty Mc Fly, es la misma Mina!!!
Ya nada tiene sentido...



Toco medio como el orto, al final creo que soy del palo del tango, a la mierda con tanto rock alternativo, indie o Madchester



AHAH y ya que estoy, si alguien adivina quien es el tipo que aparece en la foto del título tomando una cerveza, le regalo lo que me pida

lunes, 21 de septiembre de 2009

Hace algo de tu vida Forro!

La chica rubia de palermo que estudia abogacía, y el padre le paga las vacaciones en Pinamar con sus amigas, quedó perdidamente enamorada del tipo que está al borde de cumplir los 30, y hace malabares con clavas encendidas en los semáforos, con el riesgo de quemar las pocas rastas que le quedan, en su cabeza acechada por alopecia maquillada de cultura reggae.
Juntos bebieron de golpe un amor entero de libertad y progresismo, que duró casi dos meses, rozando tangencialmente a la primavera.
El final era inminente. Él no tuvo la culpa de no tener jamás, mas de $5 en sus bolsillos, o de tararear con la guitarra a Manu Chao, vistiendo con ropa de ferias, y alimentándose de mandarinas robadas.
Un día los viajes en el furgón dejaron de ser divertidos. El olor del porro no transformaba en gracioso a ningún comentario del Che Guevara.
Ahora ella baila, en Pacha. Y vos sos lo mismo que fuiste siempre, para cualquier almacenero de barrio: Un negrito roñoso!

Raro que suene Jeff Buckley



Aca saca la foto, no me ves, pelotuda.!..y la sacó donde quiso




Bueno no me banco mucho, que me vengan a pedir monedas, nada más.
Después trato de ser bueno con la gente.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un Número de telefono

Hace tanto que no nos veíamos, que no aguanté y te volví a llamar. Lo conseguiste demasiado fácil. Vos me intimaste, viniéndome a buscar, al enterarte que en todo este tiempo de plena ausencia, yo había conocido a Melisa.
Supe que el orgullo de las minas es bastante fuerte, y que no podías bancarte el hecho de verme con otra.
La jugaste bien, como cuando tenes una buena mano para el envido, y sin deschabarte el tanto, te aguatas de cantarlo, para tener vos el “Quiero” después.
Y ganándome con 33 de mano, te fui a buscar.
Garchamos. A la mañana el beso rápido, y –cuando llegues llamame así hablamos-. Después cada uno a esperar su colectivo, a cada lado de la calle. Desde enfrente tiras un beso cuando te subís al tuyo, mientras sigo esperando a que llegue el mío. Te veo sentarte del lado de la ventanilla, y después de guardar las monedas me sonreís , antes de que el bondi arranque...
Creo que esa noche fue cuando quise pedir una docena de empanadas, para la cena, y no encontraba el número de “El noble repulgue” (que es el lugar a donde siempre llamo cuando pido empanadas), así que se me dio por llamar al que figura en uno de los imanes de la heladera.
Era un imán de color verde, de un local llamado “EMPANATA”. Llamé resignado, sabiendo que probablemente nadie me atendería. Ahora que me acuerdo, ese local dejó de existir hace rato, porque las veces que había marcado el teléfono sonaba de forma incansable, sin que alguien atienda. Fueron mínimo 3 las veces en los últimos meses, en que había marcado ese número sin encontrar ninguna voz detrás del tubo.
-Llamo , total no cuesta nada, que se yo!-, Por ahí estaban de vacaciones, o haciendo reformas , o en una de esas sin trabajar los días feriados.. Hubieran sido demasiadas las coincidencias que se tornaron las veces que decidía llamar a EMPANATA. Sin embargo, volví a marcar el número. Está vez, una chica me atiende y me toma el pedido, diciéndome que la docena me costaría $23, y en menos de media hora estarían tocándome el timbre.
A penas corté, me resultó extraña la llamada, porque el local existía a pesar de las veces anteriores en la que fue imposible comunicarme, y además el costo de la docena es irrisorio, ya que acostumbro a pagar en cualquier parte no menos de $35.
Al rato llega el chico del delivery, con unas empanadas que además de baratas, eran enormes y exquisitas, sin dudas las mejores que había probado en todo Ramos Mejia.
Hay algo que no anda bien, estaba seguro de que ese local no existía más, no podía ser que las otras veces nunca atendieran cuando los llamaba por teléfono. En realidad es un local que no recuerdo haberlo visto en la calle, lo conocía solamente por el número que figura en el imán pegado de la heladera. Imán que ni siquiera se como llegó a mi heladera. Ahí también figura su dirección, sobre la av. San Martin, aunque la numeración no se puede leer, ya que se encuentra borroneada, por gotas de agua o aceite, que le habrá caído alguna vez (Con fineza se distinguen 3 números, que indicarían que el local de EMPANATA, se ubica mínimo entre 10 cuadras, sobre esa Av San Martin, que empieza en la estación y alcanza el 1000 cuando llega a la plaza Bomberitos)…Creo que una sola vez vi el local. Por ahí tengo un vago recuerdo de su marquesina, ya reemplazada por otro negocio en al actualidad. Si es el negocio, en el que pienso, estoy seguro de que existió..Pero que hoy no está más. Sería capaz de asegurarlo, sin ningún fundamento sólido, y menos ahora que una chica me atiende, y me manda el pedido.
El hecho que el precio de la docena, sea tan bajo, me provoca una sospecha ridícula. Pongamos que en todo este tiempo en el que era imposible comunicarse, fue porque lógicamente EMPANATA, cerró hace un par de años,(como creía hasta hoy a la noche) y el local quedo vacío. ¿Puede ser que por alguna falla, del universo, se provoque un quiebre espacio-temporal, que me permita comunicarme con el pasado inmediato?, Pasado que evoca y palpita los acontecimientos propios, vividos hace un par de años, donde el local de EMPANATA, atendía a sus clientes y manejaba ese rango de precios para sus docenas. Fruto de la carga inflacionaria de la época.¿Quién seria capaz de vender una docena a $23 hoy en día?.
Los endebles pilares de mis sospechas están entablados únicamente, sobre esa suposición.
Quizás sea cierto que los empleados y dueños de EMPANATA, permanezcan encerrados en su local, viviendo 2 años antes que nosotros, prendiendo la tele y viendo a San Lorenzo festejar el campeonato de Ramón Díaz, o averiguando las listas de los padrones, para votar dentro de un par de meses a Lavagna como presidente de la nación.
Capaz, logre traer desde ese pasado reciente, por lo menos una docena de empanadas. Tal vez por mi perseverancia, en seguir marcando ese numero, que durante tanto tiempo se me negaba.
No es virtud de Quijotes hacer frente a estas pequeñas causas perdidas como las de rescatar locales de comidas cerrados hace un par de años, pero se que por mi empeño logré traerme de aquel espacio olvidado, preso en vaya a saber que dimensión de tiempo, aunque sea las mejores empandas de Ramos Mejía.
Me acuerdo que esa misma noche cuando terminé de comer, te llamé como me habías pedido, hasta que me cansé de escuchar sonar tu teléfono, y me quedé dormido.
Al otro día fue levantarse temprano para entrar al laburo, y cuando me quise acordar ya era jueves, creo que hasta había empezado octubre, porque me di cuanta que me había vencido la boleta de Edenor, Y no volvimos a hablar, después de tu sonrisa arriba del bondi.
Esa noche vaya a saber de que dimensión, ubicada en un universo antiguo, que atrasa algunos años, se había escapado algo más que una docena de empanadas.

martes, 1 de septiembre de 2009

HUMOR para pensar y repensar


Ayer fui a la panadería y compré medio kilo de Miñoncitos, y la chica que me atendió me dijo:
-"Te dejo la bolsa abierta porque están calentitos y va transpirar el Nylon,... los hicieron recién!"
-Dale no hay drama, Cuando llegue a mi casa me ocupo de anudarla bien!.
Pagué con un billete de $10 y me dio mi vuelto que ascendía a 6 pesos. Al instante salían de la caja registradora 3 billetes de $2. Notable desenvolvimiento de la linda chica que me atendía, tanto para las restas, como para evaluar las propiedades químicas de la condensación y licuefacción de los gases de la panificación.
No abrí la puerta al salir, porque la panadería de Ramos Mejía tiene un sistema automático que mediante un dispositivo eléctrico, la abre sola, dejando en evidencia la gentileza de sus dueños, que se toman el trabajo de ahorrarle a sus clientes el deber de empujar picaportes.
Estos otros, luego lo agradeceran pagando mas cara que en cualquier otro local del ramo, su pasta Frola.
Che, esto que acabo de escribir ,es una verdadera bosta.. O no?
Y claro que es una bosta!
La gente que tiene Blogs escribe esta clase de cosas y se cree muy graciosa y original.
Por eso tienen Blogs.
Il signorino Tornabene, su ritorno

domingo, 2 de agosto de 2009

La Noche de poder

“Cuando no se tiene el coraje de vivir como se piensa, se termina por pensar como se vive”.
Victoria Ocampo.



Es esa sensación de cansancio mezclada con suciedad, de transpiración y nicotina pegada en la camisa, de nochecita húmeda a las 7 de la tarde, en el microcentro. No hay día de la semana, sin que salga del edificio de la calle Piedras, salude al seguridad de la puerta y me diga a mi mismo, “ya mi viejo no me necesita en el trabajo!”, yo no sirvo para estar todos los días sumando números de cosas que ni siquiera conozco. Pero la rutina es tentadora, el precio de lucrar con la seguridad de un sueldo todos los meses, me viene amansando en ese suave y dominante letargo. Últimamente me invade un miedo innovador. Como cada tarde al salir del trabajo el reclamo se repite, y ya no entiendo a donde dirigir mi quejadumbroso destino que me tiene insatisfecho dentro de esa oficina.
Me digo, “Ya no quiero más esto”, ¿Pero que es lo que quiero? o ¿Para que? Si así estoy bien, “pero no!”. Sino no puedo preguntarme lo mismo día tras día, semana tras semana, ya me ganó durante 4 años esta duda que no trasmuta en el tiempo, me envejece y me enseña a tolerarla con esa ligera suavidad, casi imperceptible. Porque cuándo todo empezó, fue como una ayuda de mi viejo para poder seguir mis estudios de contador, para tener unos pesos, pero hoy ya abandoné la carrera, sin embargo sigo ahí dentro. ¿Por qué?, pensé que irme era traicionar a mi viejo en ese entonces, hoy aunque no lo vea de esa forma sigo ahí, es el conformismo, la seguridad, la certeza de poner el despertador, de llamar a Ana a la misma hora, del insomnio, de las repetidas anécdotas en el café, de ir a casa de mamá. El tener todo bajo control, ese triunfo del orden que impera como verdadero soberano. Hoy soy esclavo de ese anhelo de seguridad, que fue mi preocupación arcaica, y viene a encarcelarme con este miedo del que les hablo.
Esta tarde salí un poco más apurado, porque quería tomarme el colectivo para ir de Ana, a pasar la noche juntos. Hace rato no nos vemos, y cada vez que nos encontramos tengo la intuición de que ella espera la mejor forma de dar por concluida esta relación que se mantiene por el peso de una cobardía pertinaz en ambos, de eludir hipocresías, de volver a conformarnos, de aceptar esa puta seguridad, del escape más sencillo a la soledad, del miedo a los soliloquios posteriores de cuartos a oscuras, de sabanas tendidas. Es tan degradante, verla y adivinar un dejo de lástima, de irreverencia, y hasta de una suma irritación al verme como a un timorato, al que se le han acabado las expectativas, con ella, con el laburo, con todo. La cuestión es que la espera por esa decisión final crece. Decisión que jamás iba a venir de mi parte, y ella lo sabía, pero también sumida en un similar conformismo en el que seguimos hundiéndonos, buscaba la forma de huir de todo esto de una buena vez. Para ser sincero, de a poco me va importando menos la certeza de que ella conoció a otro y ni siquiera pierde el tiempo en darme esa estocada final, ya ni esa gloria de domingo de plaza de toros la alienta a acabarme. Al salir de la oficina pensé que esta espera era a causa ya no de su conformismo, o su cobardía, si no del rotundo desinterés. El pensamiento coincidió con recibir un frío mensaje al celular, en le que ella pedía que hoy no pasara por su casa, por problemas que ni perdió el tiempo en detallar. Quizás en otro momento la hubiera llamado enojado pidiendo explicaciones, con la angustia de perderla. Creo que finjo una aceptación, por todo ese miedo que me deja en una suerte de anestesia, de narices violáceas teñidas de acido prúsico. Me avergüenzo de esta aceptación que sigue venciéndome. Primero con la poca fuerza de valor, para encarar a mi viejo y desligarme de la oficina.
-Puta es mi viejo!, después de todo quiere lo mejor para mí, por eso me dio el trabajo, para ayudarme, para que crezca, ¿tan doloroso puede ser el crecimiento?, ya crecí.
No me explico por qué la incapacidad para alejarme de su designio, me provoque tal insatisfacción. La misma que no se detiene y sigue aumentando a sus espaldas.
Que se yo, el sentir este marcado rechazo de Ana, me incomoda, sé que ahora voy a terminar comiendo en casa de mi vieja, y durante el camino, no voy a poder dejar de pergeñar ecuaciones relacionadas a su vida, de que es lo que hace, en que piensa. Idear la manera de captar su interés nuevamente, de alejarme, de valerme de una ausencia, de que me piense y buscar una idealización tras esa distancia. O fingir una vida paralela a la relación, que me aventure a crear historias ficticias, de ribetes psicóticos, con el fin de de saberla alejada del eje de mi vacía existencia.
Cuando llegué a casa, mi vieja estaba cocinando y mi viejo en el escritorio leyendo. Iba a prender la tele y quedarme sentado iluminando un cuarto más de ese caserón, y así disimular el vacío enorme que hasta por medio de la casa podía adivinarse. Pero no, fui hasta la cocina y le pregunté a mi vieja cuanto faltaba para que la cena este lista. Como los ravioles iban a demorar no menos de una hora elegí salir a la calle de vuelta, para alimentar la rutina y regar mis pensamientos con las voces que circundan al rechazo de Ana, esa noche. Al caminar hasta la puerta lo vi en la mesita del living, brilloso, potente, dominante. El revolver que era de mi abuelo, y mi viejo lo incluía como un adorno más en el aparador de la entrada. Eso no puede ser un adorno, un objeto justiciero, que rige con el peso del orden. Ese orden que impera tras el horror, el miedo a su poder, a ese albedrío de decidir la vida de quien ose imponerse delante. Ese adminículo que nos regala ese carácter de Dios, de rey soberano, de negro verdugo, no puede ser un simple adorno que junto a demás souvenirs, rellene ese enclenque aparador olvidado del living.
No sabría el motivo por el cual decidí tomarlo, sentir su peso en mis manos, olerlo más de cerca, buscar aquellos rastros de pólvora que escribieron mudos e intangibles anecdotarios, callados como la escena posterior a uno de sus antiguos disparos. Jamás disparé, ni me han llamado la atención las armas, como para verme seducido por ella de este modo obsceno, pero a la vez me cubría de un espeso sosiego, el hecho de imaginar ese cuadro que se produce tras la ejecución de un disparo. La imagen de una calle empedrada, solitaria, perdida, de anacronismos, de dos hombres, un duelo, un estallido que como chicotazo lastima los tímpanos, y luego una sorda caída, el silencio más atroz, la muerte.
Aunque era una noche bastante calurosa agarré la campera que había colgado al entrar, y lo guardé en uno de los bolsillos interiores, y así salimos juntos a la calle.
En un principio, pensé que esa caminata nocturna vendría a soslayar aquellos lugares más recónditos de mi cabeza, donde vuelvo a sufrir la misma situación exasperante del laburo, a aquel facilismo que me impide lograr un cambio, o mi estúpida maleabilidad a las decisiones de Ana. Pero nada de esas cosas invadían mi mente ahora, luego de que me propuse llevar esto en mi campera. Al caminar un par de cuadras, me pregunté que hacía con eso encima, que razón me incitaba actuar de ese modo irracional, sabiendo que nadie anda armado por la ciudad.
-¿Y si se dispara sola?, no tengo la menor idea si esa cosa funciona, después de estar tanto tiempo como adorno de aparador.
Lo más vergonzoso sería salir herido, después de cometer la idiotez de estar con eso encima sin ningún motivo. O peor sería tener la poca fortuna de cruzarme con un oficial de la policía y sobrellevar esa inexplicable y sospechosa actitud, si es que me la encuentra entre mis ropas.
De todas formas me importaba poco, caminaba rápido y me sentía algo intranquilo, pero con la suerte de haber logrado la evasión de aquellos mismos y viejos pensamientos. Cuando llegué al Parque Avellaneda, decidí cruzarlo, sabiendo que es oscuro y peligroso. No me interesaba en verdad, llevaba conmigo un objeto de poder, la corona de la realeza, la cizaña del verdugo. En el medio del parque cruce a un joven de mi edad más o menos, que pasó por delante, dirigiéndose hacia la avenida Directorio, que es de donde yo venía. Después de haberme alejado unos 20 metros decidí frenarme en el sitio, y volverme para acompañarlo. Como un juego quizás, estudiar su comportamiento ante la presencia de un extraño. De un extraño que encima lo asecha en aquel lugar desolado propicio para alentar impunidades, y que brinda el amparo que un crimen necesita. Era cómico ver la manera en la que aceleró el paso al sentirme a sus espaldas. De igual forma le retruqué su jugada. Hasta supo trastabillar con algunas de las piedritas que rellenan el camino. Sentiría pavor el pobre, imaginaría lo peor seguro. Lo peor que estaba cerca de serlo, porque yo tenía el poder conmigo esa noche, tenía el poder que brinda ese objeto del orden, esa herramienta justiciera. Cuando me di cuenta ambos corríamos. Ya la broma me estaba exasperando al no tolerar su poca hombría para sortear esa situación.
-Si te van a robar acéptalo y punto, ¿Qué es eso de correr desesperado buscando una salida?.
Esa luz que sorprende a una cucaracha en las penumbras de una cocina, era la reacción de ese infeliz que corría delante de mí. Volvió a trastabillar con las piedras, solo que esta vez cayó de boca al suelo, y sin atinar a levantarse siquiera, me pidió que no le hiciera nada. Yo lo alcancé con una sonrisa dibujada, disimulando la carcajada tras ser testigo de su deplorable caída. Pero decidí llevar más allá esa broma que alimentaba mi locura, a ese “Yo” insano, cínico, trastornado, que salía de mis viseras y ya era dueño entero de mí ser. Creo que esa risa se transformó en irritación al instante de verlo implorarme de esa forma cobarde. Y clavándole la mirada en sus ojos, saque el arma de la campera, y le apunté sin decirle una palabra. Con su voz quebrada me repetía que me llevara todo lo que quisiese, pero que no le haga nada. Tembloroso se sacó el reloj y me acercó el celular, su billetera, tratando de complacerme de algún modo y acabar con esa pesadilla. Pero yo seguía mirándolo sin abrir la boca y apuntando a su cabeza. Pienso en lo que escribo y no me avergüenzo, él era la vergüenza esa noche, él era el que se replegaba hincado ante mi soberanía de amo poderoso, él decidía aceptar de aquella forma tan vil y denigrante la derrota anta la opresión, ante la decisión de alguien con mayor convicción, “Él” era yo. Y sin quitarle un momento la mirada de sus ojos veía un simple espejo sobre el camino de piedras del parque. En ese entonces mi deseo era verlo estallar, y que se levantara del suelo de manera estridente para irse sobre mí, para golpearme con toda la furia hasta romperme la nariz y verme sangrar la boca. Pero jamás ocurrió, allí estaba tendido, derrotado, aceptando su destino. Era inútil esperar su reacción, lo veía llorar indefenso. Yo deseaba más que nada esa reacción en él, porque quizás, si así hubiese ocurrido yo me habría salvado, su ira desatada vendría a contarme que existe una salida, que el hilo de Ariadna esta en mi mano, y solo me queda recogerlo para salir de esa obra infernal creada por Dédalo. Guardé el arma y corrí como un caballo desbocado para irme bien lejos, para desaparecer y alejarme de esa escena vergonzosa para ambos. Corrí como nunca, buscando alejarme de mí para siempre.

lunes, 27 de julio de 2009

Solo la agujita larga

Esto lo cuento hoy, aunque bien pude haberlo contado hace más de un mes, cuando en realidad pasó, pero como me pasó a la mañana bien temprano, da lo mismo…, total no hay nada que se asemeje tanto como mis mañanas.
Para hacerme un favor, ella vino a decirme, que me levante de la cama que ya era la hora.
Me lave los dientes, sin mirarme en el botiquín, me vestí mal con la ropa que junte del piso, y todavía sin abrir los ojos tomaba en la cocina, lo mas rápido posible el café con leche, (idéntico al que voy a tomar los otros 4 días), acompañados por el mismo paquete de galletitas, que me duran varias semanas, en la alacena.
Mientras miraba el reloj de la pared, "eran y 20", así que estaba justo con el tiempo.
Salí de casa solo, mientras ella volvía para meterse bajo las sabanas, cumplida su tarea de despertarme.
Todavía de noche, veía desde la parada del colectivo, que el kioskito de enfrente seguía con las persianas bajas. Me pareció raro, pero la verdad, ni me interesó.
Me bajé en la avenida Mosconi para esperar al segundo colectivo. Ahí se me entremezclaron los sentimientos de satisfacción y extrañeza, al verme solo en esa equina, sin cruzarme a ninguna de las personas que suelo encontrarme a esa hora. Miro el reloj y "ya eran y 35"…
Estaba llegando bien, en el momento que estiraba el brazo y paraba al 113.

Al ver que venia medio vacío, cuando es común dejar pasar a más de 3, que vienen colmados de gente, apurada por llegar a su trabajo, hizo que ya me empezara a inquietar. Si bien la buena suerte debe existir, ya había algo que olía mal.
Arriba de mi 2º bondi de la mañana, "deberían ser y 40"…(ya ni siquiera quise sacar el celular del bolsillo)….Cuando noté que al cruzar la General Paz, el sol ni se molestaba en amagar con pintar de naranja a las ultimas nubes que se abrían a lo lejos.
Donde estaba el sol?
Estoy llegando temprano y todavía es de noche. Y ya se perfectamente, que es al pedo mirar bien el reloj ahora.
"Son menos 5"…Ahora solo resta esperar una hora más hasta que sean las 8 menos 5 de la mañana.
Y la puta que te parió, a vos y al favor que me venís a hacer, para que no me quedara dormido.